Un hombre da por muerta a su novia tras estrangularla y luego se entrega

El detenido llamó al teléfono para víctimas de violencia de género La joven recuperó el conocimiento antes de que llegase la Policía

La Verdad, , 16-07-2008

La tranquilidad que reinaba ayer en la calle Huerto Pomares no permitía adivinar que una tragedia había estado a punto de suceder en una de sus viviendas. Gente que metía las maletas en el coche, otros que volvían de la playa, una pareja de manitas hacía una ñapa en un local comercial. Nadie parecía saber ayer tarde que una chica de apenas 20 años había sido supuestamente estrangulada por su pareja sentimental, un hombre que, dándola por muerta, abandonó el lugar de los hechos hasta que, poco después, no pudo soportar lo que creía haber hecho y se denunció a sí mismo.

Esta historia con final feliz comenzó, hasta donde puede saberse por fuentes policiales, a primera hora de la tarde de ayer, con una llamada al 016, el teléfono de atención a las víctimas de violencia de género. Un joven boliviano de unos 20 años contaba a la operadora que había estrangulado hasta matar a su novia y que quería entregarse. El agresor se encontraba en la avenida Ciudad de Almería, en el barrio del Carmen de la capital murciana, a donde había llegado después de vagar por las calles desde el barrio de San Andrés, no se sabe si agobiado por los remordimientos o tal queriendo refugiarse en su domicilio en la misma calle. Sea como fuere, no pudo soportar la presión de las consecuencias de sus actos y terminó por entregarse.

Mientras era recogido y trasladado a la Jefatura Superior de la Policía Nacional, agentes del Grupo de Homicidios y una unidad médica móvil eran destacadas al lugar de los hechos, cuya dirección proporcionó el detenido. Allí, los agentes de seguridad y sanitarios descubrían con sorpresa que la supuesta muerta estaba viva y consciente, pues ella misma se había recuperado de la agresión.

Aún hay mucho por conocer de esta historia, pero parece evidente que el joven discutió con ella hasta el punto de pasar a las manos. Él debió estrangularla hasta que ella perdió el conocimiento, momento en el cual dejó de apretar, gesto que seguramente evitó una muerte y muchos años de cárcel por homicidio. ¿Qué pensaba el agresor al abandonar la casa? ¿Cómo recibió la noticia de que ella no estaba muerta? Sólo él lo sabe y puede reflexionar en el calabozo, mientras en la calle Pomares todo está aparentemente tan tranquilo como en cualquier barrio de Murcia en julio.

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