La mala pata

ABC, 16-07-2008

CARMEN ECHARRI

CEUTA. Las redes dedicadas al tráfico de hachís se las ingenian, cada vez más, para pasar droga sin levantar sospechas entre las fuerzas de seguridad. Lo hacen y casi siempre lo consiguen. Eso debió pensar el marroquí H.Q. cuando, a primera hora de la mañana, cruzó el paso fronterizo del Tarajal, que separa Ceuta de Marruecos, con dos kilos y medio de hachís escondidos dentro de su pata de palo. Consiguió pasar el control de la Guardia Civil, también el de la Policía Nacional y ya, cuando se dirigía hacia la barriada del Príncipe Alfonso, en donde se sospecha que los pequeños traficantes efectúan sus descargas de droga, una patrulla de la Policía Local le dio el alto.

Algo raro sospecharon los agentes al comprobar la actitud nerviosa del marroquí a quien, en un concienzudo registro, hicieron quitarse hasta la pata de palo con la que se apoyaba para poder caminar. La sospecha tuvo su fundamento ya que en el interior de la vetusta prótesis los agentes encontraron 277 bolsas de hachís que, al peso, alcanzaban dos kilos y medio de droga.

El detenido ha sido acusado de un delito contra la salud pública, siendo puesto a disposición judicial. Lo que no puede probar la Policía es cuántas veces había intentado pasar droga de esta manera, ya que entraba casi a diario en Ceuta, junto a la ristra de porteadores que acceden a la ciudad para realizar sus compras en el polígono comercial del Tarajal.

El modus operandi seguido por el detenido recuerda muy mucho al explotado con otros minusválidos. De hecho la Policía cuenta en su haber detenciones de paralíticos que han introducido pequeñas cantidades de hachís e incluso inmigrantes debajo de las sillas de ruedas, tapándose las piernas con chilabas al objeto de pasar desapercibidos ante un control policial superfluo. El incremento en el número de entradas de estas personas fue lo que levantó la alerta policial detectando que buena parte de ellas eran utilizadas para este pequeño tráfico.

Trato preferencial

Y es que los controles policiales en una frontera sorteada por más de 35.000 personas diarias son complejos. Si además quienes introducen la droga son minusválidos a los que se presupone un trato preferencial, el éxito en los pases de droga parece claro. Es la otra faceta de un negocio que encuentra en Ceuta una puerta de entrada segura para el narcotráfico.

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