«Locos» por Europa
ABC, 16-07-2008TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA
UXDA / TÁNGER (MARRUECOS). Las mafias de la emigración imponen en Marruecos un ritmo a menudo difícil de seguir incluso por aquellos que están dispuestos a todo. Algunas de las mujeres subsaharianas que han llegado en los últimos días a España, y que han perdido a sus bebés en la trágica travesía del Mediterráneo, son víctimas de redes de trata cuyos responsables las presionan para que paguen cuanto antes su «libertad», que tiene un precio de unos 40.000 euros.
El aumento de la seguridad desplegado sobre todo después de la crisis de las vallas de Ceuta y Melilla en 2005, las nuevas políticas migratorias y el negocio sin piedad de las mafias han generado un tapón de varios miles de emigrantes subsaharianos que han terminado por convertir a Marruecos en un país no tanto de tránsito como de estancia a la fuerza de muchos de ellos.
Salir hacia el Norte es cada vez más caro y más arriesgado y la violencia se está adueñando de los bosques y las ciudades del entorno.
Ante ese estancamiento, la necesidad de sobrevivir a largo plazo ha cambiado ciertos hábitos y maneras de comportarse de los emigrantes. Hace algunos años algunos podían casi planificar su viaje desde que salían de su país de origen. Ahora es difícil saber, sobre todo, cuánto tiempo se tardará en superar la última etapa, la que les separa de las costas de Canarias, Andalucía o de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.
Peleas y agresiones
Médicos Sin Fronteras (MSF), que lleva años trabajando con ellos sobre el terreno, ha documentado el aumento de los problemas de tipo psicosocial y mental. La incertidumbre de estos emigrantes se ha convertido en un «problema crónico» que deriva a menudo en «peleas y agresiones», explica a ABC David Cuenca, coordinador de proyectos de esta organización en Marruecos, que prefiere no entrar en detalles a la hora de abordar el asunto de las mafias que imponen su poder entre los subsaharianos.
«Hemos detectado determinados patrones de violencia que van más allá del daño físico», comenta a este reportero Helena Maleno, que ha participado en un estudio impulsado en el reino alauí por la organización Women`s Link cuyos resultados todavía no se han hecho públicos pero que indican que el «tapón» de emigrantes que hay en el país «genera cada vez más violencia».
Presión policial y familiar
Las fuentes consultadas coinciden en señalar que las condiciones son cada vez más duras y exigentes. Muchos no sólo no logran su objetivo de alcanzar la tierra prometida sino que no tienen medios para retornar a sus países de origen. Otros explican que no pueden regresar a casa porque eso supondría el fracaso de un proyecto familiar, ese en el que él fue elegido para llegar a Europa y sacarles de la pobreza.
«Primero sufren la presión policial, que se convierte en la sensación de estar siendo perseguidos constantemente, lo que les lleva a vivir huyendo», señala Maleno. «Y segundo, está la presión del país de origen y de la familia, donde no se suele conocer las circunstancias de cómo se desarrolla la vida del emigrante».
Hace pocos días se celebraba en Rabat una reunión preparatoria del III Foro Social Mundial de las Migraciones que tendrá lugar en septiembre en Madrid. Entre otros asuntos se abordó la posibilidad de que emigrantes subsaharianos con el estatuto de refugiados puedan viajar desde Marruecos para enriquecer las jornadas con sus testimonios. «Al 98 por ciento le puedo decir que no lo lograremos», explica Lucile Daumas, de la organización Attac Maroc. ¿Por qué? «Porque no están reconocidos en Marruecos. Las autoridades no les dan tarjeta de residencia y por tanto son residentes en ninguna parte».
En esa reunión, un refugiado congoleño que lleva varios años en Marruecos y ha intentado salir del país en numerosas ocasiones saltó de su silla casi fuera de sí cuando se estudiaba la posibilidad de que varios fueran enviados al Foro de Madrid. «Parecía que se le habían cruzado los cables», describe Daumas, conocedora, después de varias décadas en el reino, de la frustración que acaba asaltando a estos jóvenes, que a menudo se encuentran, como ellos mismos dicen para explicar esa especie de locura, «fuera de cobertura».
Hasta ahora la atención que requerían los emigrantes se explicaba por las duras condiciones de vida que soportan sobre todo en los bosques y montes del norte de Marruecos. «Viven en condiciones precarias con sus necesidades básicas como abrigo, agua o higiene poco cubiertas», dice Cuenca, de MSF. A menudo su único medio de subsistencia es la «mendicidad y la caridad».
Redes de prostitución
A ese perfil se añade ahora el de aquellos que viven, relativamente, en mejores condiciones por estar asentados en los cascos urbanos de ciudades como Rabat o Casablanca pero que, por la incertidumbre, el fracaso o las expectativas incumplidas, empiezan a presentar cuadros menos ligados a problemas físicos y más vinculados a problemas mentales.
La situación más grave, como ha detectado Women`s Link, es la del tráfico de mujeres. Cada vez hay más bloqueadas en Marruecos, lo que está dando lugar a «más violaciones, abortos, nacimientos de niños…». Las mafias que comercian con ellas no son capaces de afrontar ese «exceso de mercancía», lo que termina haciéndoles perder dinero y multiplicando la violencia.
Muchas de estas chicas son las protagonistas de algunos de los últimos naufragios frente a costas españolas, como ese grupo de nueve madres que se fueron deshaciendo de sus hijos según iban muriendo en la travesía del Mediterráneo hace pocos días. Maleno, residente en Tánger desde 2002, conoce la historia de algunas de ellas, víctimas de violaciones que nueves meses después trajeron al mundo a sus bebés en condiciones durísimas.
Se ha detectado también que cuando llegan a España estos emigrantes no suelen reclamar tratamiento psicológico y algunos acaban convertidos en elementos violentos de difícil adaptación. «Muchos de estos niños han visto cómo sus madres eran violadas y después acaban pegándolas».
Atrapadas por las mafias, Maleno no ve demasiado futuro a corto plazo en España para esas chicas de la patera si no son repatriadas. «Ahora se encuentran en pleno shock y acabarán en Las Ramblas de Barcelona o en la Casa de Campo de Madrid para poder pagar la deuda de 40.000 euros».
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