El sueño roto de los aborígenes

La Vanguardia, María-Paz López, 16-07-2008

Benedicto XVI será recibido el jueves en un muelle de Sydney con danzas y cantos de los aborígenes, primeros de Australia, que atropellos desde la llegada a la isla de los colonos británicos, y que soportaron discriminación legal por parte de las autoridades australianas hasta época tan reciente como los años setenta.

“No nos convertimos en ciudadanos hasta 1967, fue la primera vez en que se contó con nosotros como seres humanos”, recuerda el artista aborigen Gavin Flick. En 1967, un referéndum decidió la inclusión de los aborígenes en el censo por vez primera. Con algunos ajustes, el censo del 2001 concluyó que la población indígena es de 460.160 personas, es decir, el 2,4% de la población total, que ronda los 20,6 millones.

Tras esa primera y tardía carta de ciudadanía, la petición de perdón por parte de las autoridades australianas a estos compatriotas que poblaban la isla mucho antes que los colonizadores, se produjo en fecha aún más escandalosamente reciente, este mismo año, hace sólo cinco meses. El 13 de febrero, el primer ministro laborista, Kevin Rudd, presentó excusas a los indígenas en el Parlamento en Canberra. Su predecesor, el conservador John Howard, eludió hacerlo durante diez años.

“Pedimos perdón por las leyes y las políticas de los sucesivos parlamentos y gobiernos, que han infligido profundo dolor, sufrimiento y pérdida a nuestros compatriotas australianos”, dijo Rudd dirigiéndose a los indígenas. El primer ministro evocó entonces una de las políticas más vergonzosas llevadas a cabo por las autoridades, que condujo a lo que históricamente se conoce como generaciones robadas. Desde 1910 hasta poco después de 1970, muchos niños aborígenes fueron sustraídos a sus familias para educarlos fuera de su cultura, desarraigarlos con la excusa de “protegerlos” y diluir su identidad por motivos racistas. Los críos eran literalmente arrancados de los brazos de sus madres por cuadrillas de funcionarios, que los asignaban a familias blancas, o a misioneros anglicanos, católicos o metodistas. Así fueron arrebatados a los suyos unos 50.000 niños aborígenes.

Como pueblo, los aborígenes habitaban Australia y Tasmania hace al menos 40.000 años, lo que los convierte en la civilización viviente más antigua del planeta. Étnica y culturalmente difieren del otro pueblo indígena de Australia: los isleños del estrecho de Torres, que viven en las islas cercanas a Papúa Nueva Guinea y se asemejan a los melanesios. “La espiritualidad aborigen se basa en la identificación con la tierra y sus lugares sagrados, y les confiere muy poco sentido del materialismo y de la ambición por la riqueza o el prestigio social”, explica el jesuita Frank Brennan. Las creencias aborígenes, cimentadas en siglos de transmisión oral, se compilan en el llamado Tiempo del Sueño,un conjunto de narraciones míticas sobre la creación, la tierra y el porqué de las cosas.

Se calcula que, cuando la Primera Flota británica atracó en 1788 en la actual Sydney con su carga de presos – así arrancó la colonización – , había en Australia 750.000 aborígenes. Fueron diezmados por la enfermedad, el expolio y los desplazamientos forzosos traídos por los blancos. En 1901, al independizarse Australia, había 93.000 indígenas, y los descendientes de europeos eran ya 3,8 millones.

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