Una comparación Obama-McCain
La Vanguardia, , 15-07-2008Sabemos al fin quiénes son los dos finalistas en las campañas presidenciales. También sabemos dónde se encuentran los senadores Barack Obama y John McCain en lo relativo a los grandes asuntos internacionales, o al menos qué es lo que quieren que se vea como su posición.
Sus posiciones más importantes – en lo relativo a Iraq, Irán y China- son bien conocidas, aunque inciertas, porque el margen de acción para el próximo presidente de Estados Unidos en estos asuntos es, de hecho, algo limitado.
Pero en otros temas de política exterior – inmigración, Cuba, acuerdos de libre comercio, retorno al multilateralismo- sus ideas no han sido tan bien examinadas, sea en Estados Unidos o por otros gobiernos extranjeros.
En cuanto al multilateralismo, por ejemplo, ambos senadores han afirmado su apoyo y respeto por las Naciones Unidas y las convenciones de Ginebra, y en cuanto a enfrentar colectivamente el cambio climático, entre otras cosas. McCain ha coqueteado con la idea de un “concierto de las democracias”, una especie de alternativa a las Naciones Unidas integrada exclusivamente por países gobernados democráticamente. Pero no ha especificado a qué comprometería a Estados Unidos dentro de tal “concierto” si fuera formado por naciones “de ideas similares”.
En forma similar, Obama parece estar mucho más alineado con el multilateralismo clintononiano, pero omite frecuentemente mencionar que la última administración demócrata, como la actual que está por terminar, también procedió unilateralmente en múltiples ocasiones, y que el Senado rechazó abrumadoramente el protocolo de Kioto, por ejemplo, mucho antes de que el presidente George W. Bush retirara la aceptación inicial de Estados Unidos.
¿Aceptará Obama los dictámenes del Tribunal Internacional de Justicia, particularmente en casos como el registrado en nombre de México en el 2003, según el cual la pena de muerte no puede ser aplicada a extranjeros en Estados Unidos sin que haya habido una notificación consular de su detención?
En cuanto a la inmigración, ambos candidatos votaron en favor de dos iniciativas de reforma amplia de la ley analizadas por el Congreso en el 2006 y el 2007, pero cuando menos McCain parece haber dado marcha atrás a sus posiciones previas, y Obama votó a favor de la construcción de un muro de casi mil kilómetros de longitud a lo largo de la frontera con México.
¿Aceptarán ambos que la noción de primero “asegurar” la frontera, y sólo después legalizar a los inmigrantes indocumentados que ya se encuentran en Estados Unidos, y permitir el ingreso de nuevos jornaleros mediante un programa de trabajadores temporales, es exactamente lo que Bush está haciendo ahora? En otras palabras, ¿llevar a cabo redadas, detenciones, deportaciones, separar a familias y construir el muro sin perspectiva cercana alguna de una reforma?
¿Pondrán fin Obama y McCain a estas políticas odiosas, y enfrentarán al ala de la derecha extrema, antiinmigrante, del Partido Republicano y a los programas de debate conservadores y antiinmigrantes?
McCain apoya actualmente la idea de “primero la seguridad”; Obama ha prometido una reforma de la inmigración desde los primeros tiempos de su mandato, pero ninguno de los dos parece haberle dado una alta prioridad a esta cuestión.
El interrogante se convierte, entonces, en qué es lo que harán los países de origen de los inmigrantes, como lo son muchos en América Latina, una vez que la nueva administración estadounidense llegue al poder. ¿Seguirán esperando a ver qué sucede, o presionarán nuevamente por la reforma, a sabiendas de que su influencia es en realidad muy limitada?
En lo referente a la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, los dos candidatos parecen estar muy separados, como lo están también en la polémica más general de si Washington debe participar en diálogos con regímenes hostiles (Irán, Venezuela y Corea del Norte, además de Cuba), o si debe imponer condiciones inaceptables para cualquier tipo de negociación o discurso.
McCain no parece estar dispuesto a hablar y oponerse al mismo tiempo, o sea, que ha adoptado la política de Bush hacia Irán, y las políticas fallidas de prácticamente todos los presidentes de Estados Unidos durante el medio siglo pasado en lo referente a Cuba. No ha detallado claramente su punto de vista respecto de Venezuela, pero si su posición respecto de Irán es tan dura como él amenaza, y si Teherán y Caracas se enamoran aún más, es posible pronosticar que también allí, Mc-Cain se apegará a las mismas políticas (de Bush).
Obama, por el contrario, ha dado a conocer muchas opiniones diversas acerca de estos asuntos complejos, y no todas ellas son compatibles entre sí. Hay buenos argumentos para dialogar con líderes como Raúl Castro, Hugo Chávez y Mahmud Ahmadineyad, y hacerlo sin condiciones previas. Pero al final del día eso es sólo una cuestión de procedimiento. Lo que cuenta realmente son las zanahorias y los palos que una Casa Blanca de Obama pudiera ofrecer para normalizar relaciones con Estados Unidos. Ha sido mucho menos específico acerca de eso.
En forma similar, aunque en la dirección opuesta, McCain ha definido lo que no hará. Pero sigue manteniéndose en silencio acerca de cómo enfrentaría los desafíos que la Cuba posterior a Fidel, un Chávez errático y un Ahmadineyad siempre desafiante representen para Washington, Europa y América Latina. Decir no simplemente no es una política.
Es difícil para los gobiernos en estas regiones planear sus reacciones a las diversas alternativas de Estados Unidos si no saben qué es lo que cada candidato hará una vez en el poder, particularmente si los desafíos persisten, independientemente de quién triunfe.
Esto es particularmente cierto en lo referente a uno de los asuntos en el que los dos candidatos tienen puntos de vista diametralmente opuestos: acuerdos de libre comercio, pasados, presentes y futuros. McCain ha declarado categóricamente que no reexaminará el tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que presionará para la ratificación de acuerdos pendientes con Colombia, Panamá y Corea del Sur y, en general, aplicará una política de continuidad en este campo. Obama ha proclamado lo contrario: reabrirá el TLCAN, y sólo presionará para acuerdos con Colombia y otros si se incluyen modificaciones serias en los renglones de derechos laborales, derechos humanos y el cuidado del ambiente.
Si ese es el caso o si Obama triunfa y cumple sus promesas, países como Colombia, y quizá también México, Perú, República Dominicana y los que integran América Central quizá deseen evitar tales renegociaciones al proponer cláusulas democráticas y de derechos humanos para los tratados ya existentes, siguiendo más o menos los alineamientos de los acuerdos firmados por México y Chile con la UE.
En lo referente a muchos temas internacionales del día, las intenciones de Mc-Cain y Obama son claras, si bien no siempre realistas o completamente pensadas hasta su final.
Pero los gobiernos de todo el mundo deberán estar listos, porque una vez que sus ideas sean plenamente desarrolladas, habrá bastantes sorpresas.
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