Cachos de carne

Diario Sur, MIGUEL NIETO, 14-07-2008

ESTIMADO intruso, espero que al recibo de la presente no se encuentre ahogado, que ya me daría un sofoco que no pudiera leer estas lineas que le mando desde lo más profundo de mi corazón. La verdad, no tan profundo como el mar en el que, qué penita, se le han muerto mujer e hijos. No sabe cuanto lo siento pero es que se lo buscan. Harta estoy de decírselo a mi sirvienta, que acojo sin papeles en casa. Me cuesta un dineral para lo que cobraría en su país y, desagradecida, le parece poco. Sueldo modesto pero le damos de comer en la cocina y hasta tiene un día libre. Se va – raros son, ¿verdad? – a un locutorio cutre para verse con gente mal vestida, con una pinta de pobres que da susto. Casi todos, ya saben, delincuentes. Bueno, pues eso, que no me encuentro a mí misma del dolor sincero, manantial de lágrimas que me brota, cuando les veo en esas chalupas, nada parecidas a mi yate de Caronte, donde aparecen muertos y asoman fantasmas con patas. ¿Hasta lanzan a sus niños por la borda! ¿Donde se ha visto, por dios, tal falta de respeto a cadaveres del limbo? Pero la culpa es vuestra. No cabéis, sobráis hasta para fregar letrinas. Se lo dice una amiga: quédense en sus desiertos que ser pobre, además, tiene premio: van directos al cielo. Sin pasar por fondos abisales. Mejor en casita, que para lo que pagan por el cayuco pueden marcharse, todo incluido, de vacaciones al Caribe. Un beso. Atentamente suya: la miseria humana.

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