En Alaska,como en casa
Agustín Sánchez nació en Michoacán. A los 19 años decidió emigrar en busca del sueño americano. En las últimas dos décadas, más de 20 mil mexicanos han hecho lo mismo
El Universal, 13-07-2008WASHINGTON. Agustín Sánchez lleva en la muñeca un brazalete con dos búfalos de oro colocados en los extremos de un reloj Bulova. Hace no mucho tiempo logró lo que había deseado siempre: retirarse a los 40 años. Es propietario de una empresa de bienes raíces, ostenta una nacionalidad doble y vive en Alaska, ese territorio que colinda con Rusia y pertenece a Estados Unidos. Hasta allá han llegado a vivir más de 20 mil mexicanos en las dos últimas décadas.
Su aventura comenzó hace 30 años en la escuela primaria Revolución, en Zacapu, un pueblito de 5 mil habitantes ubicado en Michoacán, donde nació. A sus 50 años, Agustín Sánchez puede recordar como si fuera ayer cuando la maestra Vicky extendió un mapamundi sobre el pizarrón y les dijo a sus alumnos de tercer grado de primaria: Este gigantesco pedazo de tierra que ven aquí, junto a Rusia, se llama Alaska.
Desde entonces, cientos de michoacanos emigraban a Alaska y Agustín decidió que haría lo mismo.
Se fue un día de marzo de 1976 y recuerda que cuando llegó le sorprendió todo: el clima frío, la tranquilidad de Anchorage, la ciudad que lo recibió y ver gente con rasgos tan disímiles: blancos, negros, asiáticos y estadounidenses descendientes de irlandeses, noruegos y alemanes.
Pero Alaska no lo recibió de la mejor manera: el día que llegó, el gobierno emitió una ley que dictaba que para encontrar trabajo todas las personas debían tener una tarjeta de residencia. Como pude conté a los oficiales de gobierno una historia llena de verdades y conseguí la tarjeta, dice Agustín. Pero tras 19 solicitudes de empleo infructuosas, decidió trabajar en lo que fuera, incluyendo lavaplatos, albañil y auxiliar en una pipa de aceite.
Un año después se fue a Chicago y estudió soldadura industrial. Regresó en 1980, se hizo ciudadano de EU, sin perder la ciudadanía mexicana, y comenzó a trabajar con una compañía en la construcción de bases militares. Hoy es dueño de una empresa de bienes raíces. Sigue viviendo en Alaska, con sus cuatro hijos, todos estadounidenses. No echa de menos a su país, pues, dice, somos tantos michoacanos en Alaska, que me siento como en casa. Ahora hasta hay restaurantes y tiendas mexicanas. La única diferencia es que estamos al otro lado del mundo.
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