Cuatro mil subsaharianos esperan turno en Marruecos para 'saltar' a España
Las autoridades españolas temen una avalancha de pateras este verano
Las Provincias,
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11-07-2008
Cuatro mil inmigrantes aguardan en el norte de Marruecos su oportunidad para pasar a Andalucía. Son subsaharianos y malviven en la región de Oujda, donde, disparates del destino, el presidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, tiene previsto reunirse hoy con Mohamed VI, el monarca alauita.
Son cuatro mil desdichados que han sufrido toda clase de desventuras para llegar a Oujda, cuyas playas están estratégicamente situadas frente a las provincias de Almería y Granada. Es la cifra que maneja la Asociación pro Derechos Humanos de Andalucía.
El cálculo no es caprichoso: está basado en la experiencia de los propios activistas de la organización humanitaria que han visitado las “zonas calientes” y, en la medida de sus “modestas” posibilidades, echan una mano sobre el terreno. Rafael Lara es uno de ellos. Conmocionado por las sucesivas tragedias de Motril y Almería, que se han cobrado la vida de 29 personas, incluidos varios bebés, el portavoz en materia de inmigración de Pro Derechos Humanos está convencido de que los naufragios y las muertes no frenarán las travesías clandestinas. “Por supuesto y por desgracia, esto va a continuar. Los inmigrantes subsaharianos conocen cómo se vive en Occidente mientras ellos han de conformarse con un euro al día. El mensaje es ‘disfrute de la globalización con un euro’ y, claro, es imposible. Así que no les queda otra que dejar sus países para intentar alcanzar Europa”, explica Rafael Lara, que ha visitado Mali, Camerún y otras naciones africanas exportadoras de seres humanos.
Allí ha visto las calles atestadas de granos, jóvenes forzados a mantenerse ociosos, mano sobre mano a todas horas de todos sus días. “Les llaman granos porque se pasan todo el tiempo tomando café: no hay más que hacer. Y son miles”, aclara.
Cuando se cansan de esa nada cotidiana y logran reunir un puñado de euros, se lanzan a recorrer el espinazo de África. Lo normal es hacerlo en los volquetes de camiones destartalados, pero también hay quien lo intenta a pie. Si sobreviven a los inhóspitos pedregales del Sahél – la franja central de África: un territorio lunar incompatible con la vida – podrán aspirar a tener un rincón en una frágil lancha neumática que, con suerte, les llevará hasta una playa andaluza.
Antes, los granos habrán esperado su oportunidad en tierras marroquíes. Según Pro Derechos Humanos, ahora mismo puede haber unos cuatro mil personas en esas circunstancias. “Como es lógico, no podemos tener una cifra exacta. Pero nuestra última estimación es que hay alrededor de cuatro o cinco mil subsaharianos en la zona de Oujda, que es la que va a visitar hoy el presidente Zapatero. Si se acerca hasta la universidad, podrá ver a estas personas: allí están atendidas por algunas ONG con las que nosotros, modestamente, colaboramos”.
El cálculo de Pro Derechos Humanos no parece disparatado, sobre todo si se tiene en cuenta que las propias autoridades marroquíes admiten que en su país hay unos 15.000 extranjeros en tránsito.
Ninguna fuente policial o gubernativa de España se atrevió a aportar una cifra: dicen que es imposible saberlo. Pero también hablan de “miles” de desesperados y se temen que lo peor está aún por llegar. Las crisis alimentaria ha encendido una hoguera migratoria en África. Va a ser un verano de pateras, de muchas pateras.
A escote
José Chamizo, el Defensor del Pueblo Andaluz, asume como una referencia válida y fiable el cómputo efectuado por Pro Derechos Humanos y, al igual que dicha ONG, contempla el futuro inmediato con pesimismo. “Lo dije cuando ocurrió el naufragio en Motril y lo repito ahora, después del terrible suceso de Almería: van a seguir viniendo pateras.
Es cierto que las mafias existen y que se están lucrando miserablemente con el tráfico de personas. Pero también es verdad que el verdadero motor de este drama es la pobreza extrema que azota al África Subsahariana. Por eso, la única solución es la cooperación para el desarrollo”, defendió Chamizo.
En lo que sí están de acuerdo todos – Defensor, ONG y autoridades – es en que el fenómeno de las pateras ya es casi exclusivamente cosa de subsaharianos. Los tripulantes magrebíes, que otrora componían el grueso de las expediciones, se están convirtiendo en una excepción.
Las organizaciones criminales prefieren a los subsaharianos, que están más desesperados y son más vulnerables a los manejos de los mafiosos.
Viajan sin patrón, lo que representa una ventaja para los delincuentes: se garantizan la impunidad. Si la Policía no tiene a quien detener, no habrá hilo del que tirar. Además, se ahorran un salario.
En otras ocasiones no hay timonel por la sencilla razón de que el bote ha sido adquirido a escote por los propios inmigrantes, personas que, en buena parte de los casos, nunca antes habían visto el mar.
Son precadáveres.
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