La UE suaviza el pacto de inmigración francés, pero conserva la intransigencia con los ilegales
El Mundo, , 08-07-2008El Gobierno español se felicita por haber defendido sus tesis en el encuentro de Cannes, aunque en el acuerdo se mantienen las ideas fundamentales del contrato de integración impulsado por ‘Sarko’ El balneario opulento, glamouroso y elitista de Cannes ha puesto un decorado mediterráneo y edulcorado al propósito comunitario del amurallamiento. España se jacta de haber defendido su modelo sensible de inmigración y de haber velado por los derechos de los extranjeros, aunque el pacto de los Veintisiete, pendiente de una ratificación oficial en octubre, respeta esencialmente el criterio restrictivo y conservador que defendía Nicolas Sarkozy en la antesala de la recién estrenada presidencia francesa.
De otro modo, Italia, cuya legislación es durísima en materia de inmigración, no se habría encontrado tan cómoda en el texto final. Igual que muchos otros países de Gobiernos conservadores. Porque Europa rechaza las regularizaciones masivas de inmigrantes. Se compromete a reforzar y coordinar la política de expulsiones. Vigila las fronteras con más celo. Supedita la entrada de extranjeros a las necesidades laborales. Y complica las condiciones de reagrupamiento familiar.
Es verdad que Nicolas Sarkozy no ha logrado introducir el «contrato de inmigración» definido así textualmente, pero sus contenidos originales aparecen en el documento que ayer firmaron los socios comunitarios.
De hecho, se menciona el aprendizaje de la lengua como factor esencial de la integración, se destaca la comunión con los valores europeos, se habla de acatar la respectiva identidad de los Estados miembros y se recuerda a los inmigrantes el deber de atenerse a la tolerancia, a la igualdad de hombres y de mujeres y la obligación de escolarizar a los niños.
¿Una Europa inaccesible? Alfredo Pérez Rubalcaba, presente en la canícula de Cannes junto a sus homólogos de la UE, prefería hablar ayer de un modelo que ubica la inmigración entre los derechos y los deberes. El respeto de ley ha de ser, a su juicio, el criterio fundamental y el camino del futuro, de modo que deben enviarse «mensajes inequívocos» para los inmigrantes que pretendan acceder de manera ilegal al espacio comunitario.
«Es bueno repatriar inmigrantes. Y que las mafias sepan que se le pone coto a sus actividades. La clave está en la inmigración escogida. Lo cual no es novedad para España. Hace tiempo que la estamos practicando», explicaba ayer el ministro de Interior en rueda de prensa.
La delegación zapaterista está satisfecha con el pacto de inmigración. Sostiene que las razones de España han sido escuchadas. Tanto porque no aparece literalmente el veneno del contrato de integración como porque se considera legítimo que las regularizaciones, caso por caso, se contemplen por razones humanitarias y motivos económicos.
No le gustaba este último extremo a la presidencia francesa, aunque París entiende que las cesiones no alteran el planteamiento fundamental de Sarkozy. Primero porque Europa va a dotarse finalmente de una política común de inmigración. Y, en segundo término, por cuanto se fortalecen las fronteras y se promueve la persecución de la inmigración ilegal. «Estamos delante de un acuerdo unánime, ejemplar. Al que me atrevería de llamar histórico. Ha sido un éxito total. Los Veintisiete países tenemos la misma visión del fenómeno de la inmigración. Antes, en cambio, había 27 políticas de inmigración distintas», decía el anfitrión Brice Hortefeux con la aquiescencia gestual de los colegas germano y español.
Los ministros de la UE se niegan a hablar de búnker, ni de muralla. Mencionaban ayer el equilibrio entre inmigración e integración, aunque de la impresión de que los recortes éticos y estéticos al proyecto de Sarkozy sólo se han producido en el ámbito semántico o simbólico. Un guión con otras palabras más suaves, pero con las mismas precauciones.
Es la letra mayúscula del pacto. La pequeña menciona otras novedades insólitas como el Erasmus policial. Es decir, que algunos agentes de la UE podrán circular por Europa y trabajar en comisarías extraterritoriales para estar más cerca de los compatriotas allí donde éstos se encuentren.
El proyecto está en fase de estudio, pero tiene el visto bueno del ministro Rubalcaba. Le atribuye mucha utilidad en zonas turísticas y considera que la iniciativa acerca Europa a los ciudadanos.
LOS PUNTOS CLAVES DEL ACUERDO EUROPEO
1. Inmigración profesional. Se invita a los Estados miembros a poner en marcha (…) políticas de inmigración profesional que tengan en cuenta las necesidades de su mercado de trabajo.
2. Regular la integración. Insta a considerar la integración de las familias en función de sus recursos y condiciones como, por ejemplo, el conocimiento de la lengua del país.
3. Equilibrio de derechos y deberes. Impulsa la integración armoniosa de inmigrantes que tengan la perspectiva de permanecer, equilibrando sus obligaciones con medidas de apoyo como la enseñanza de la lengua y el acceso al empleo.
4. Cooperación con países de origen. Refuerza la necesidad de colaboración entre los Estados miembros y los países de origen y de tránsito.
5. Expulsión de ilegales. Los extranjeros que se hallen en situación irregular en territorio comunitario deberán abandonarlo.
6. Regularizaciones caso a caso. Elimina las regularizaciones generales y las limita a casos concretos por motivos humanitarios o económicos.
7. Acuerdos de readmisión. Concluye la necesidad de establecer acuerdos de readmisión con los países que sea necesario.
8. Combate a la explotación. Refuerza la política de firmeza contra quienes explotan a los extranjeros en situación irregular.
9. Puesta en marcha de visados biométricos. Establece la aplicación de visados biométricos para el 1 de enero de 2012 como muy tarde.
De la Policía Nacional a la Pollería Nacional
CANNES. – La «Pollería Nacional» ha abierto sus puertas enfrente de la Policía Nacional. Es un juego de palabras con sentido del humor, pero también el nombre de un restaurante inaugurado en Cannes mientras los superagentes de Europa, llamémosles ministros de Interior, discuten sobre seguridad, colaboración e inmigración a la vera de la Costa Azul.
La Pollería Nacional se ha tomado en serio la broma. Es decir, que el garito de Cannes sorprende a la clientela porque se ha concebido escénicamente como si fuera una comisaría. Hay banderas de Francia por doquier. Incluso los camareros visten de uniforme emulando la indumentaria de los agentes.
El joven y valeroso propietario, Sebastien, ha concebido la idea para desdramatizar. Le ha parecido curioso, sano y extravagante abrir una pollería con aire de parodia y con carne de calidad. También espera que los agentes de verdad se avengan a cruzar la calle y se animen a consumir las delicias del pollo en todas las variedades recogidas en la carta.
«Quede claro que no es ninguna provocación. Tuvimos la idea en casa hace un año. En una piscina. Y el local donde hemos abierto el negocio está enfrente de una comisaría por pura casualidad», explica Sebastien provisto de una gorra de geo y uniformado de azul como un gendarme.
Menú popular
Cuesta trabajo creerse la teoría de la coincidencia espacial. De hecho, una de las razones que atraen a los comensales de Cannes consiste en el capricho que supone comer pollo y patatas como si estuvieran transgrediendo el ambiente intimidatorio de un cuartel al uso en Francia.
El menú más popular cuesta siete euros y está funcionado mercadotécnicamente de maravilla. Hasta el extremo de que el capitán Sebastien considera razonable, verosímil, abrir una cadena de pollerías y vender la franquicia a quienes se arriesguen a emular el concepto.
De momento, el comisario de la acera de enfrente se resiste a hacer declaraciones. ¿Se resistirá también a la tentación del pollo asado?
Las preguntas le inquietan a él y a sus compañeros desde el 30 de junio. Que fue el día en que Sebastien inauguró el negocio con una fiesta en la barriada. Quería hacerse con los vecinos, seducirlos con el pollo. «Tal como está de cara la vida», señala una vecina de Cannes, «no cabe mejor idea que traerse a la familia a comer pollo y a reírse un rato. Prefiero a estos policías que a los del otro lado de la calle».
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