EL RUIDO DE LA CALLE
Las criadas de Caldera
El Mundo, , 08-07-2008Desde hace unas semanas, miles de criadas – no las de Genet, sino las de Caldera – no pueden ir a los locutorios porque carecen de papeles. Cientos de miles de sudamericanos, árabes, negros y chinos huyen para no ser repatriados o detenidos. La crisis ha convertido a Europa en el martillo de emigrantes, como en otro tiempo fue martillo de herejes o de brujas, y para evitar la ascensión de la extrema derecha, los gobiernos socialdemócratas y conservadores firman la Directiva de la Vergüenza. Los primeros después de cantar la Internacional, durante el fin de semana, los segundos considerando la emigración como trivialidad.
La hipocresía religiosa española, y la política, surgieron cuando los chulos blasonados, los guerreros ecuestres, pusieron rosquillas de piedra a la Mezquita de Córdoba. He ahí la política laica e igualitaria de nuestro Gobierno, que consiste en ronronear de agnósticos y sacar cada año del Presupuesto un pastón para los clérigos, o en llevar a los emigrantes al Politburó y dejarles elegir a concejales, proponer un ministerio de la Igualdad y firmar, mientras afilan el cuchillo del éxodo, la sentencia de la expulsión.
¿Adónde fueron los obreros la noche que terminaron la Muralla China?, se preguntaba Brecht. ¿Adonde fueron los desterrados, condenados de la tierra, que taladraron, soterraron, metieron 25 torres eiffels en las cloacas, trabajando 14 horas diarias por 900 euros? Los que se escaparon de la gran tumba del Estrecho, ahora son paratas. Tienen que volver a sus países de origen. A muchos de los niños que engendraron, el Gobierno no les otorga nacionalidad; son meones sin patria y sin papeles, no tienen ni siquiera techos de palmera, sino arcos de puente y campos de concentración con nombres de reformatorios. Llegaron al mundo en España, donde hay un Ministerio de la Igualdad, pero nadie les da papeles.
Los cronistas escriben que el partido que gobierna ha dado un giro a la izquierda. Será por pereza mental, por la propensión al tópico y a la frase hecha; la verdad de la milanesa es que un eurodiputado de Baviera, guapito de cara, que se llama Manfred Weber, ideó la Directiva de Retorno y los gobiernos la han firmado, aunque lo nieguen.
Luego oímos grandes palabras para justificar la vileza. Weber reconoce que los emigrantes son los esclavos modernos: carecen de derechos para defender sus libertades. Los banqueros y la mayoría de los ciudadanos adoran la nueva postura del gobierno socialista. José Luis Rodríguez Zapatero dice que la pragmática no es un desastre, sino un avance; los eurodiputados reconocen que el Gobierno de España ha sido uno de los que más ha presionado para endurecer la norma. ¿Dónde estaba la política de igualdad, dónde el giro a la izquierda? Los cobardes políticos del papel moneda europeo se cobijan bajo las directivas. Y ocurre lo de siempre: Europa se divide entre yates y cayucos.
Las criadas han pasado a la clandestinidad.
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