Tras el hambre llegaron los contratos para los ocupantes de un piso patera de Lugo
La otra cara de una experiencia amarga
La Voz de Galicia, , 25-06-2008Hasta veinte jóvenes marroquíes llegaron a acomodarse en un piso patera de tres habitaciones en la capital lucense. Por poco más de trescientos euros mensuales recogían pollos sin descansar durante todas las noches de la semana en varias granjas de la provincia de Lugo. Una acción desplegada por la titular del Juzgado de Instrucción número 3, Estela San José, permitió detener en Ponferrada al marroquí que los explotaba. Este hombre, que se encuentra encarcelado actualmente, comenzaba ya el negocio con sus propios compatriotas en Marruecos, donde los captaba y les cobraba elevada sumas para traerlos a España (un caso similar al de la red desarticulada en A Coruña).
La operación llevada a cabo en Lugo supuso también acabar con la explotación de que eran víctimas los integrantes de un grupo de magrebíes que se dedicaban a cuidar ovejas en la zona de Ponferrada.
La caída de Mohamed, el presunto explotador, provocó que estos esclavos del siglo XXI quedasen sin trabajo y, por lo tanto, tuviesen que afrontar momentos muy complicados, hasta el extremo de que seis de ellos pasaron hambre porque no consiguieron que nadie los contratase y, además, algunas organizaciones benéficas les cerraron muy pronto las puertas.
La situación en que quedaron estos seis hombres fue tal que los funcionarios del juzgado que se ocupó de las diligencias e incluso la propia jueza se rascaron los bolsillos para comprarles comida y garantizarles lo más esencial, el alimento.
Vivir sin dádivas
Al hacerse pública la situación de los magrebíes del piso patera de Lugo, varias personas se ofrecieron para gestionarles puestos de trabajo. Por fin, después de muchas semanas de espera, los afectados ya tienen nuevas ocupaciones, lo que les permitirá vivir sin necesidad de dádivas. Además, se plantean enviar remesas de dinero a su país para mantener a sus familias. Varios de ellos dejaron en Marruecos a sus esposas e hijos.
Actualmente trabajan en el sector agrario para el que tenían autorización por un plazo de un año. Tienen legalizada su situación y ahora, cuando llegan a casa, en las alacenas ya tienen algo más que un simple paquete de guisantes y algo de pan.
(Puede haber caducado)