Bandas étnicas, el azote de París
ABC, 25-06-2008POR JUAN PEDRO QUIÑONERO
CORRESPONSAL
PARÍS. El viernes pasado, los estudiantes de bachillerato de la región parisina celebraban el fin de curso en el Champ – de – Mars, bajo la Torre Eiffel. Se trata de una cita clásica entre adolescentes: música, baile y bebidas a discreción. Poco antes de la medianoche, varias bandas de adolescentes africanos y magrebíes irrumpieron en la fiesta armados de bates de béisbol, barras de hierro…
En apenas treinta minutos, los enfrentamientos físicos se transformaron en una batalla campal. Entre el medio centenar de detenidos, una treintena han ingresado en prisión.
El sábado se celebraba en París la Fiesta de la Música… se produjeron una veintena de agresiones físicas, en varios conciertos que se celebraban al norte de la capital. El domingo, un adolescente judío fue apaleado, con porras y estacas, ingresado en un hospital de urgencias donde estuvo en estado de coma cerca de cuarenta horas.
En principio, se pensó que el joven judío agredido en el distrito XVIII fue víctima de una encerrona antisemita. Se trata de un joven militante de una organización judía. Sin embargo, la policía se inclina por un ajuste de cuentas entre bandas étnicas, un fenómeno social de nuevo cuño que Alain Bauer, presidente del «Observatoire national de la délinquance» analiza de este modo: «Ha bajado la delincuencia tradicional. Pero han aparecido nuevas formas de agresiones entre los individuos, que aumenta de manera constante. Llama la atención la violencia indiscriminada contra toda forma de autoridad. En los suburbios se forman bandas étnicas que obedecen a la lógica del clan. Los más violentos imponen su ley. Y se sirven de los transportes públicos para exportar su violencia más allá de los territorios donde viven».
En la Estación del Norte, uno de los nudos de transporte urbano más transitados de Europa, la presencia de la policía, la gendarmería y el ejército no siempre disuade a las bandas. Y la estación se ha ganado una fama de sitio inseguro, azaroso, donde a toda hora del día son muy visibles los interrogatorios, las detenciones.
Es en el norte de París donde la violencia y las bandas étnicas han proliferado de manera espectacular durante la última década, indisociables, con frecuencia, a otros conflictos internacionales.
Atentados en sinagogas
Las sinagogas y escuelas judías son víctimas, sistemáticamente, de agresiones y «micro» atentados: petardos, «bombas» artesanales. Por su parte, varias organizaciones judías son un semilleros de bandas prestas a la autodefensa «armada». La sucesión de batallas campales entre bandas judías y antijudías (antisemitas) han provocado un movimiento de exilio y destierro urbano: apenas hay ya estudiantes judíos en la universidad de Saint – Denis, donde las bandas étnicas magrebíes imponen su «ley» desde hace años.
En el distrito XVIII, las bandas medio orientales apoyan a los grupúsculos armados palestinos, y hace años que multiplican las «acciones militares», acompañadas de una proliferación masiva de pintadas de este tipo: «El Líbano, aquí, ahora».
Entre los distritos XVIII, XIX y XX, al nordeste de París, las bandas africanas quizá sean mayoritarias. Entre los distritos XV, XIV y XIII ha proliferado la aparición de bandas de adolescentes franceses de origen asiático, africano y medio oriental, que viven en la periferia sur y oeste, pero «desembarcan» en París los fines de semanas, cuando un acto lúdico se presenta como una buena oportunidad para «dar guerra».
La violencia étnica contra las fuerzas del orden no tiene otro origen conocido que la agresividad en estado puro. «Vamos a follar polis» es un eslogan repetido con frecuencia aquí o allá. La violencia étnica antisemita tiene muchos rostros: bandas de extrema derecha, bandas islamistas pro palestinas. La violencia étnica de origen religioso (islamista, masivamente) coquetea con la retórica importada de los grupúsculos palestinos partidarios de la destrucción de Israel. En términos puramente estadísticos, la violencia de las bandas étnicas es un fenómeno social, político, cultural y criminal «en constante aumento» a juicio del Obversatorio de la delincuencia.
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