EDUCACIÓN, ESCUELAS PARA ADULTOS
El saber no tiene fronteras
Diario Vasco, , 23-06-2008DV. «Mi amigo Félix fue a mi país y cuando le dije que quería aprender más de mi profesión me aseguró que me ayudaría. Por eso estoy aquí en San Sebastián, desde octubre del pasado año, aprendiendo castellano del que no sabía una palabra en esta escuela». Lo cuenta Evaristo Kone, nacido hace 26 años en Bamako, la capital de Mali. Este mecánico electricista de automóviles ha hecho en la EPA Zuloaga grandes progresos con el castellano que entiende y habla y el próximo octubre iniciará el primero de dos cursos en la Escuela Profesional Don Bosco relacionados con su profesión. El Gobierno Vasco le ha convalidado su Diplomatura en Mecánica de Mali, y Evaristo cree que si terminados sus estudios encuentra trabajo se quedará a vivir en Donostia o en el País Vasco. «La gente es muy simpática. Todos me han acogido muy bien. La ciudad es muy bonita y muy agradable para vivir. También en esta escuela se han portado estupendamente conmigo», dice este joven africano, al que al final de la charla entendemos que cuando habla de su amigo Félix, que le ha ayudado, éste no es otro que Félix Azurmendi, vicario general de la Diócesis de San Sebastián.
A su lado sonríe Khalid Chakir, de 34 años y nacido en la ciudad marroquí de Casablanca, y compañero y amigo de aula de Evaristo en la EPA. Oficial de 1ª en fontanería y con conocimientos de albañilería y carpintería, Khalid cuenta su historia: «Conocí a un español en Casablanca que tenía un problema de fontanería en su casa, que nadie le conseguía arreglar. Se lo solucioné e hicimos amistad. Fue cuando me dijo que en el País Vasco y en San Sebastián se necesitaban fontaneros, así que me dijo: ‘Por qué no te vienes a mi país’. Y aquí estoy desde el pasado año». Khalid ha hecho seis meses de prácticas en Oarsoaldea y ahora, y dominando bien el castellano, va a empezar a trabajar en octubre en la empresa de Antonio Guimil. «Ponlo, porque quiero darle las gracias. Es una buena persona, que ha confiado en mí».
Evaristo y Khalid están «muy contentos» en San Sebastián. Desde sus países de origen sus familias les dicen que «adelante» y a pesar de la distancia les animan a seguir aquí. «La vida en Donostia es muy limpia, muy sana. Hay buena comida. Están el mar y las montañas. La gente es acogedora. Ya somos vascos», ríen los dos.
Carnet de conducir
Ermonia Gasparyan (Armavit-Armenia) y Oleksandra Vysochynska (Kiev-Ucrania), hincan sus codos en la EPA Zuloaga para aprender un castellano más técnico, orientado a la prueba teórica del carnet de conducir. «Dominamos el castellano, pero el que se emplea en las preguntas para obtener el permiso de circulación está lleno de tecnicismos, una barrera más para nosotras», señalan.
Ermonia llegó a San Sebastián hace ya 9 años. «Mi ex marido era profesor de Geografía en Armenia y por los libros conocía bien las costumbres, la historia y la forma de ser de los vascos, que guardan cierto parecido con los armenios. Así que nos animamos a venir a vivir aquí». Confiesa que no sabe si ha encontrado su destino definitivo. «La patria es la patria, y en Armenia tengo a mi madre de 88 años y a dos hermanos. No sé si algún día volveré». indica.
Oleksandra llegó a Donostia en 2004, tras escala en Portugal, donde aterrizó en el 2000. En tierras lusas conoció a su marido, también ucraniano, con el que parece asentada en la capital guipuzcoana. «Lo hemos pasado mal. Mis hijas de 14 y 12 años no han podido venir hasta hace pocos años. Pero ahora estamos muy contentos».
Irrumpe en la charla la ‘furia argentina’, Adriana Vocero, que nacida en Buenos Aires vive desde el 2004 con su marido y sus hijos en Zarautz, y que también perfecciona su castellano para obtener el carnet de conducir. «Mi marido visitó Zarautz en 1998 y se quedó enamorado. La inseguridad política en Argentina es considerable, así que nos animamos y nos vinimos todos para acá». Si le preguntas a Adriana qué le pareció y le parece ahora Zarautz, no duda en la respuesta: «Mejor que lo que me dijo mi marido. Yo que siempre he vivido en una gran ciudad aprecio mucho la tranquilidad de un pueblo. Mis hijos la niña de 15 y el niño de 10 tienen mucha autonomía para andar por la calle», señala.
(Puede haber caducado)