"Ahora aprendo una profesión y el idioma"

Brahim Aziz, un joven de origen marroquí, pasó casi un año en el centro de acogida de El Vivero, en Artxanda. Salió de allí sin apenas hablar castellano y ahora, gracias al programa Hemen, se prepara para ser técnico en mantenimiento de edificios en Erandio.

Deia, 23-06-2008

C ADA mañana, Brahim Aziz acude a sus clases en el Centro de Iniciación Profesional de Erandio; allí sigue un curso de mantenimiento de edificios. Por la tarde le tocan clases de castellano. Cuando salió del centro de acogida de El Vivero hace ahora siete meses, apenas sabía hablarlo. Hemen aún se pronuncia Yemen en su boca, que dibuja una sonrisa casi permanente. “Estoy mejorando, aprendiendo poco a poco”, explica este joven marroquí.

Brahim pasó casi un año en el centro que la Diputación tiene en Artxanda. No tiene buen recuerdo de él. “No hay nada: ni clases de castellano, ni cursos… Te pasas todo el día en la cama o en la calle. Cuando salí hablaba muy poco castellano. Hay chavales que vienen con catorce o quince años, que tienen que pasar tres o cuatro años más, y da pena”, lamenta. También critica su ubicación. “Está encima del monte, entre los árboles. Te dejan como a las ovejas, crees que te han guardado en una jaula. Salíamos todos los sábados y, cuando llegabas a Bilbao, te parecía que estabas en otro mundo, en la luna”, evoca.

Poco antes del día que cumplía 18 años, el 22 de noviembre del año pasado, un educador del centro le puso en contacto con el programa de emancipación Hemen. “Me hicieron una entrevista, me preguntaron mis datos, la situación de mi familia y también qué era lo que quería hacer”, explica con un ligero acento afrancesado.

Tras dejar El Vivero nada más cumplir la mayoría de edad, estuvo residiendo en el albergue de Elejabarri dos meses hasta que “como había mucha gente, me echaron de allí”. Pasó quince días viviendo en la calle. Ahora, el programa le ha encontrado una habitación donde alojarse, “me la pagan y también me dan el dinero para la comida y todas esas cosas. Y me ayudan con el empadronamiento, la tarjeta sanitaria…”.

Su día a día discurre entre las clases matutinas en el CIP de Erandio y el curso de castellano, por la tarde, de la mano de CEAR Euskadi. “Todo va bien. La asociación me ayudó, me ayuda y me va a ayudar”, agradece.

Brahim aprovechó la oportunidad que le brindó el programa. Sabe que de no haberlo hecho, lo más probable es que ahora se encontrara sin recursos y en la calle. “Te echan del centro a otro mundo sin saber un idioma, ni una profesión, y sin papeles. ¿Qué vas a hacer? ¿Estar en la calle? Si no tienes qué comer vas a empezar a pensar en robar y en esas cosas…”, reflexiona. “Estas asociaciones te dan de comer, te dan dinero para las compras, para el alquiler y estoy aprendiendo poco a poco”. Por eso no entiende la actitud de algunos de sus compañeros que no participan en Hemen. “Conozco a chavales que estuvieron conmigo en el centro y no quieren estar en el programa, porque no quieren ir a clase. Encuentras a alguien que te echa un cable, que te está ayudando y, ¿lo vas a dejar? No quieres ayudarte tú mismo. Eso no lo entiendo, no me entra en la cabeza”, afirma.

Su vida ha dado un giro de 180 grados desde que ingresó en el programa de emancipación. “Ahora estoy aprendiendo una profesión y el idioma, que es muy importante”, destaca, convencido. Él supo aprovechar al oportunidad que le brindó el programa y labrarse un futuro mejor entre nosotros. Y, como él, los otros setenta jóvenes que también participan en Hemen.

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