SOCIEDAD
Médicos del Mundo promueve la inserción de los extranjeros
La entidad sanitaria imparte talleres para fomentar la salud laboral y alimentaria y para apoyar la igualdad de género
El Correo,
23-06-2008
La sección vasca de Médicos del Mundo trabaja por la integración efectiva de los inmigrantes en la comunidad de acogida. «Y como esto es una organización sanitaria, hacemos promoción de salud en el plano doméstico, pero también en el área laboral», explica Elena Rodríguez, responsable del programa ‘Bizkaian Bizi’, en el que se insertan talleres de cocina, de nutrición, cuidados a personas dependientes y hostelería.
En estos cursos se difunden pautas básicas de alimentación y consejos para una dieta equilibrada. Y se dan a conocer rudimentos para la práctica laboral, desde la manera de llevar una bandeja a nociones sobre la fabricación de tapas, siempre prácticos a la hora de buscar trabajo en el servicio doméstico o la restauración.
La formación incluye también conocimientos para desenvolverse en la culinaria y comercio locales, con indicaciones sobre la terminología empleada en la ciudad. «El año pasado elaboramos un DVD con un recorrido por los puestos del mercado de la Ribera en el que señalábamos el nombre de los pescados».
Esta iniciativa tuvo su arranque en Bilbao hace ya siete años y se ha ampliado recientemente a Barakaldo y Getxo, debido a la demanda de las instituciones municipales. A juicio de esta experta, llegar a un nuevo país supone un impacto psicológico que también tiene su repercusión sobre la mesa. «Porque no pueden comprar sus productos o preparar las recetas tradicionales, aunque eso ya está cambiando con la proliferación de tiendas de importación».
Los latinoamericanos han de enfrentarse a la diferencia en las denominaciones, aunque las fórmulas sean similares. La cocina marroquí presenta la menor variación, ya que su base es mediterránea, como la nuestra, aunque varíe la elaboración.
La solidaridad se manifiesta en la participación de emigrantes que actúan como instructores voluntarios y la actitud de los participantes, que también participan activamente dando a conocer su propia gastronomía. «Por iniciativa propia, traen sus propios platos, te explican cómo los preparan y los comparten con los demás».
Pocos hombres
Elena Rodríguez también recalca el valor de estos encuentros como espacios para la salud social. Además de las clases en el aula correspondiente, los grupos viajan a lugares claves de nuestra historia como la zona minera o Gernika.
«El ocio también es una oportunidad muy interesante para la inserción», advierte. Eestas excursiones suponen una manera de que se familiaricen con el entorno y también una ocasión para propiciar el conocimiento mutuo, un lugar donde encontrarse con los nativos y salir de la rutina semanal, sobre todo de quienes trabajen en régimen interno.
En los talleres de cocina la presencia masculina es muy escasa. Además de la excepción kazaja, aparecen algunos latinoamericanos y no hay ninguna representación africana. «En el continente negro la separación de roles es enorme», indica. Ellos no entran en la cocina, un ámbito reservado exclusivamente para la mujer, como el cuidado de los niños o el trabajo en la huerta. Pero hasta aquí emigran los hombres solos y han de enfrentarse a la alimentación diaria. «Asumirlo es todo un salto cuantitativo que se reflejará en la sociedad de origen y también en la de recepción».
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