DAOUID HARI / Sudanés refugiado en EEUU
«Aprendes a convivir con el horror»
El Mundo, , 20-06-2008Como no podía ser de otra manera, Daoud Hari mira directo a los ojos cuando habla. Pero a diferencia de otros refugiados, la mirada de este sudanés no desprende dureza; destila cierto asombro. El año que lleva fuera de su tierra aún le permite sorprenderse de lo ajeno. Y en este caso, lo ajeno a Hari es la paz.
Su primera vida: 34 años en una tierra castigada por los conflictos internos, por la sequía, por la hambruna, por la codicia de Occidente. Su segunda vida: un año en EEUU como refugiado político. Un calvario que se ha encuadernado bajo el título El traductor (Urano, 2008), profesión que desempeñó entre periodistas y ONG.
¿Se acostumbra uno a la violencia extrema? «No. En una guerra ves muchos horrores, demasiados. Aprendes a convivir con el horror, pero nunca te acostumbras».
Y a la vida en EEUU, ¿se acostumbra un extranjero? «Es muy diferente. Lo primero que noté fue que hacía mucho frío y que había nieve».
Sólo la elegancia natural puede darle a Hari ese porte distinguido que pasean tantos africanos por el mundo. De su vida en Darfur da cuenta un anillo azul que luce en el dedo meñique de su mano izquierda. Viste chaqueta gris, camisa negra y gesticula poco, lo justo. Es su primera entrevista en España y no quiere hablar de su familia, de su vida íntima. De acuerdo.
Hari fue el tercer sudanés que logró estatuto de refugiado de los cinco que ahora lo tienen en EEUU, uno de los países que más asilo político da y que cuenta con 75.000 refugiados en total. Con todo, Hari quiere volver a casa. Lo necesita, dice. «Estoy muy orgulloso de ser africano y si pudiera volvería a mi país, o a Chad o a Camerún». Si pudiera, comenta resignado. Porque la vida que ahora descubre no es la que le gusta.
¿Es más difícil sobrevivir en Occidente que en un mundo en guerra? Se ríe con cierta sorna y despoja sus brazos del gesto cruzado en los que los había atrapado: «En Occidente no tenéis tiempo ni para pensar en sobrevivir, siempre se necesita más. Un coche, una casa, más dinero, comida, gente, tiempo, tiempo que se usa para deprimirse porque nunca se tiene lo que uno quiere. En Africa, con estar con la familia somos felices. En Occidente, la gente ha nacido programada como una máquina y, claro, os deprimís».
Le molesta el poco interés por su tierra y recuerda que «Africa no es un zoo en el que sólo hay safaris». Vuelve a Africa y sufre cuando la recuerda. Y se enfurece cuando habla del papel de China en Darfur. «Pido a los españoles que no vayan a los JJOO, que no viajen a China. Si quieren gastarse el dinero, que lo hagan en un safari en Africa».
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