Los gitanos de Nápoles alzan la voz
‘Escuchadnos Gente' es una asociación creada en un campo chabolista gitano para reclamar la integración en Italia.
Público, , 27-05-2008“Estamos cansados de escapar siempre. Dicen que somos nómadas y no saben que, casi siempre, la huida no ha sido una elección: los gitanos somos un pueblo perseguido y se nos ha obligado a marcharnos. Nosotros no tenemos derechos. Yo no pienso ir a ninguna parte; me quedo en Nápoles”.
El rostro de Dousan es todo determinación. Este gitano nacido en Macedonia hace 55 años no está dispuesto a que la política racista del Gobierno de Berlusconi le obligue a coger las maletas y huir del país donde han nacido sus cuatro hijos, una circunstancia que no les da derecho, no ya a la nacionalidad, sino ni siquiera al permiso de residencia.
Como Dousan, Nino, Sabrina o Lubiana, todos procedentes de la ex Yugoslavia, viven en el Campo Rosa, una de las aglomeraciones chabolistas de Scampía, en la degradada periferia norte de Nápoles.
Un campo en el que, pese a ser considerado abusivo por el Ayuntamiento de la ciudad, sus habitantes están luchando por mejorar sus condiciones de vida.
Quieren hacer oír su voz por encima del linchamiento mediático del que los sin papeles, sobre todo los gitanos, son objeto desde hace meses por parte de los medios de comunicación italianos, especialmente de aquellos ligados de un modo u otro a Berlusconi.
Situado a escasa distancia del campo oficial – otro barrio de chabolas, o más bien de contenedores metálicos, que cuenta con el permiso de las autoridades- el Campo Rosa aparece como un pequeño Sangri-La de verdor en medio de la autopista que pasa por encima y de las basuras que, fuera de su perímetro, lo cubren todo.
Las casitas de madera pintadas de rosa, los porches con geranios y los árboles hablan de una determinación: la de no abandonarse a la marginalidad que rodea a personas que hasta hace poco eran casi invisibles, a pesar de que algunos ya van por la tercera generación en Italia.
“Durante muchos años, las autoridades han hecho como que no veían las condiciones en las que vivían los gitanos. Ellos nunca han tenido voz en este país”, explica Marco Marini, de la ONG Chi rom e…chi no, que trabaja en el Campo Rosa.
El nombre de esta ONG esconde un doble sentido. Por un lado, quiere decir Quién es rom (gitano) y quién no, y, al mismo tiempo, en dialecto napolitano Quién duerme y quién no, en referencia al despertar de una conciencia cívica en Nápoles.
Ajenos a lo que definen como “una concepción asistencial” que critican en los programas de las autoridades italianas hacia la comunidad gitana, los miembros de esta asociación acuden al Campo Rosa “prácticamente cada día”.
Allí organizan actividades como cursos de apoyo escolar y alfabetización. Incluso han construido su propia casita rosa, que hace las veces de centro de reunión y de sala de actividades. Pero su trabajo no se limita a eso. Aspiran a colaborar en la consolidación de un germen de movimiento asociativo de los propios gitanos que ya en noviembre vio la luz.
Media oportunidad
El suceso que se utilizó como excusa para iniciar la asimilación de los sin papeles a delincuentes el asesinato de una italiana en Roma por parte de un rumano sirvió precisamente de acicate para que un grupo de gitanos se reuniera en torno a una mesa a discutir y sentara las bases de su propia asociación.
Preocupados por la reacción oficial tras este asesinato de Roma – un decreto ley para facilitar las expulsiones- 60 hombres y mujeres de Scampía decidieron formar un grupo para representar al campo. Su nombre en el idioma gitano es Asunen Romalen, que quiere decir Escuchadnos Gente.
“En toda nuestra historia, nunca hemos iniciado una guerra. Somos pacifistas y durante la Segunda Guerra Mundial pagamos un alto precio de muchas vidas humanas perdidas en los campos de exterminio nazis”, dice el documento fundacional de la asociación.
“Queremos participar de la vida cotidiana de los italianos y pedimos una oportunidad, o aunque sea media oportunidad, para crear una nueva vida para todos nosotros”.
Asunen Romalen tiene objetivos concretos, que se detallan ya en esta declaración. El primero es crear una cooperativa de reciclaje que proporcione trabajo a algunos de ellos, al tiempo que sirva para colaborar en la búsqueda de una solución para otro de los problemas acuciantes de la ciudad: el de las miles de toneladas de basura que periódicamente invaden las calles.
Proponen también iniciar un diálogo con el Ayuntamiento de Nápoles y la región campana para luchar contra una de la plagas del pueblo gitano que ellos mismos reconocen en su nota y que no es otra que un 95% de analfabetismo.
Un germen de conciencia de grupo que, como explica Dousan, intenta “constuir un puente hacia una vida normal”.
Al rechazar el mito del nomadismo voluntario, estas personas reclaman “una casa y un trabajo normal con el que poder pagar el alquiler”. Yagoda, una madre de 40 años, sólo pide “no tener que dormir con la maleta hecha y la ropa puesta”.
Sus objetivos quedan aún lejos, pero el compromiso de los habitantes de este campo y de Chi rom e chi no ya ha dado sus frutos. En 2006, lograron que se representara en el Teatro Mercadante de Nápoles una especial adaptación de la obra Paz, escrita por el dramaturgo griego Aristófanes cuando aún era un adolescente.
El espectáculo Arrevuoto ( Patas arriba), dirigido por Marco Martinelli, cosechó varios premios. En el escenario, varios adolescentes gitanos actuaron con alumnos italianos de institutos de Nápoles. Mientras estuvieron en escena, una brecha se abrió en el gueto de Scampía.
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