EDITORIAL: Retrato comercial del Raval sin tópicos

El Periodico, 27-05-2008

Cae otro tópico, alimentado durante años, sobre la imposible convivencia en el Raval de comercios asentados de toda la vida con las necesidades de oferta comercial vinculadas a los cambios de población en el barrio. Quienes hasta ahora se han guiado solo por sus percepciones, creen que esta parte de Ciutat Vella ha quedado definitivamente controlada por los nuevos residentes, que marcan sus parcelas de dominio según sus orígenes, sean paquistanís, marroquís o suramericanos. Y que las tiendas solo se ocupan de satisfacer la demanda generada por los hábitos de alimentación o vestido de la población recién llegada. Contra este lugar común hablan los datos del estudio que ayer difundió el Ayuntamiento de Barcelona, elaborados junto a la fundación Tot Raval, que lucha muy meritoriamente contra los prejuicios que marcan la imagen del barrio.
No es cierto que los comerciantes catalanes del Raval de toda la vida se vayan por la presión del entorno, ni que los nuevos residentes de todo el mundo les sustituyen sin miramientos. En este barrio tan singular, no exento de especulación urbanística pese a la diversidad de origen de sus residentes, se da un ajuste en el ámbito comercial similar al que se produciría si todos sus vecinos fueran nacidos allí. Llegar a otras conclusiones solo puede estar inducido por la xenofobia. Los datos sobre titularidad de los comercios de la zona, los que cierran y los que abren, confirman por sí solos que no hay ningún atisbo de favoritismo o discriminación en función de quién es el demandante de una licencia de apertura de un comercio. Cosa distinta es que se atienda a la recomendación, acertada, de no convertir esas calles en una oferta exclusiva de tiendas y restaurantes de carácter étnico. La falta de diversidad también puede poner en crisis el modelo comercial que aún vive de su exotismo. La alternativa más racional sería convertir el Carrer de Ponent (Joaquín Costa) en un eje comercial que marcara la ordenación del sector en todo el barrio.
La tentación de convertir al Raval en un parque temático, por donde ya transitan 25 millones de visitantes, es comprensible. Pero la diversidad de origen de sus vecinos, que merecen tanta atención como la que se presta a la nueva apertura de comercios del barrio, no debe dar alas excesivas a un proyecto que pueda caer en el vicio de poner el diseño de ciudad por encima de las necesidades de sus ciudadanos.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)