La ola xenófoba en Suráfrica llega hasta Ciudad del Cabo
ABC, 24-05-2008AFP
La Policía surafricana detiene a dos personas tras los últimos disturbios en Ciudad del Cabo
Un somalí, atropellado ayer mientras escapaba de los ataques, eleva a más de 40 el número de fallecidos
PAULA ROSAS CORRESPONSAL
EL CAIRO. La marea de violencia xenófoba que vive Suráfrica ha desbordado las inmediaciones de Johannesburgo, donde se iniciaron los disturbios hace dos semanas, y afecta ya a la segunda metrópoli del país, Ciudad del Cabo. Escenas de palizas, saqueos y de hombres portando machetes y armas de fuego han vuelto a sucederse en el principal centro turístico del país. Allí, cientos de viviendas y comercios regentados por extranjeros, especialmente somalíes y zimbabuenses, han sido incendiados por masas de incontrolados, que han causado ya la primera víctima mortal en Ciudad del Cabo. Es el caso de un somalí que fue atropellado ayer mientras escapaba de los ataques, que se suma a los más de 40 muertos que los disturbios han dejado ya en todo país. Unas 500 personas han sido detenidas, según informó la agencia Reuters.
Lo que comenzó como ataques aislados en los barrios más pobres de las afueras de Johannesburgo se ha convertido ya en una crisis humana generalizada en todo el país, donde empiezan ya a aparecer las grandes cifras. Cifras de desplazados por el conflicto, entre 17.000, según la ONU, y 25.000, de acuerdo con los datos ofrecidos por el gobierno de Pretoria. Miles de personas han cruzado además la frontera de vuelta a sus países, donde la falta de recursos para absorber a esta población está produciendo nuevas crisis colaterales.
Emergencia en Mozambique
En Mozambique, por ejemplo, el Gobierno se ha visto forzado a declarar el estado de emergencia para poder repatriar a sus nacionales, para lo que ha fletado decenas de autobuses. Se estima que unos 13.000 mozambiqueños han regresado ya a su país. Una protección de la que no disfrutan, sin embargo, muchos otros extranjeros en Suráfrica, que no cuentan con los medios suficientes para huir, ni nadie que le espere de vuelta en sus países, como es el caso de muchos somalíes, zimbabuenses y nigerianos.
La ola de violencia llega en un momento bajo para el Gobierno de Thabo Mebeki, que ha sido muy criticado en los últimos meses por sus políticas económicas y ahora es cuestionado por su lentitud para reaccionar ante la crisis.
A pesar de que el país ha crecido en los últimos cuatro años a un ritmo medio del cinco por ciento, el Ejecutivo no ha conseguido que esa riqueza se distribuya también entre las clases más desfavorecidas. Éstos resienten además el fuerte aumento del precio de los alimentos básicos, mientras que el paro continúa disparado y alcanza, según cifras no oficiales, el 40 por ciento.
Un cóctel muy peligroso que ha incendiado las iras de los violentos contra el colectivo más débil del país, los inmigrantes, a los que acusan de robar el trabajo, los beneficios sociales e incluso las mujeres. Pero el brote xenófobo podría ser sólo el inicio, apuntan algunos analistas, de una crisis aún mayor, que podría dirigirse contra las enormes desigualdades que vive el país. En Suráfrica, el 10 por ciento más pudiente disfruta de la mitad de la riqueza del país, mientras que el 40 por ciento más pobre dispone tan sólo del 7 por ciento.
El Gobierno hace oídos sordos a las críticas y ve detrás de los ataques violentos la mano de los seguidores del antiguo gobierno del apartheid, de extrema derecha, que habrían organizado los disturbios para desestabilizar al ejecutivo de Mbeki.
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