RUMANÍA
"La hipoteca la pagamos aquí"
La Vanguardia, , 26-05-2008Sara Sans – Castellón
GOBIERNO DE RUMANÍA Se incentiva la vuelta de los emigrantes ofreciéndoles una bolsa de trabajo
LLEGADA DE INMIGRANTES La crisis ha frenado las entradas, pero muy pocos deciden regresar a su país
“Traspaso hipoteca de 1.000 euros al mes, no pretendo recuperar la inversión efectuada hasta ahora”. Anuncios como este comienzan a aflorar en Castellón. En esta ciudad valenciana, que algunos conocen como la pequeña Bucarest, hay empadronados 23.000 ciudadanos rumanos. Más del 10% de la población. El boom estalló hace sólo cinco años, cuando llegaban a Castellón entre dos mil y tres mil rumanos al mes. La mayoría encontró trabajo con relativa facilidad en la construcción. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho en tres meses. El parón del sector ha dejado a muchas familias en una situación límite. Ahora, algunos se plantean volver. Pero no lo tienen fácil.
“La situación es muy complicada; tengo varios amigos que ganaban 3.000 o 4.000 euros al mes en la obra; ahora se han quedado sin trabajo y no pueden seguir pagando la hipoteca y tampoco pueden vender su piso porque nadie compra, además sus hijos están escolarizados aquí…”, explica Sorín Radoi, presidente de la Unión Cultural Rumana. La tasa de paro aquí es del 7,48% y un 60% de los parados son inmigrantes, según fuentes municipales.
Pero mientras en España la construcción baja, en Rumanía crece, especialmente la obra pública. Por eso, hace un mes, el secretario de Estado de Trabajo de Rumanía, Akos Derzsi, y varios empresarios de aquel país viajaron a Castellón para reunirse con la población rumana –el 60% procede de Târgoviste, capital de la provincia de Dambovita– y ofrecerle empleo. Presentaron una bolsa de trabajo con 10.000 ofertas. El salario medio se sitúa en 600 euros y para los puestos con cualificación, 1.000 euros.
Sin embargo, los esfuerzos para facilitar la vuelta de los inmigrantes a su país han obtenido por ahora una más que tímida respuesta. “Es difícil saber cuánta gente ha vuelto, los que tienen familia e hijos se resisten, de momento la gente aguanta”, explica Berta Negrea, de la Asociación Rumana de Castellón, Valencia y Alicante. Berta, licenciada en Económicas llegó a Castellón hace siete años, cuando trabajando en el Ministerio de Trabajo de su país cobraba 70 euros al mes. La vuelta a casa se plantea difícil. Aunque la actividad en la construcción ha bajado, muchas mujeres siguen trabajando, limpiando casas o cuidando a ancianos, y las perspectivas en Rumanía tampoco son para tirar cohetes: “Aquí pagamos nuestras hipotecas y los hijos pueden aspirar a ir a la universidad; los sueldos que se ofrecen en nuestro país no alcanzan los mil euros y allí las cosas son igual de caras que aquí, la gasolina incluso más”, apunta Sorín Radoi.
“Los que están volviendo son los emprendedores, los que han montado aquí su empresa y ahora se han asociado con empresarios españoles para construir en Rumanía”, mantiene Ionel Scrofan, presidente de la Asociación de Empresarios Rumanos de Castellón, que agrupa a un centenar de empresas, la mayoría relacionadas con la construcción pero también de otros muchos sectores, como el comercial. No en vano, en Castellón proliferan los supermercados, pastelerías, bares, restaurantes, librerías o agencias de viaje rumanos y disponen de varios periódicos, la mayoría, bilingües.
“Planteamos abrir en Bucarest una tienda de productos españoles, pero los alquileres están por las nubes”, dicen Ioan y Elena Filip. Este matrimonio dejó su empresa de comunicación con 50 empleados en Rumanía para venir, hace ocho años, a Castellón y empezar de cero. Ahora tienen 16 supermercados y con un socio distribuyen productos alimentarios a 380 tiendas de toda España. “La gente que tiene ganas de trabajar se va a quedar aquí”, opinan.
Por ahora, lo único constatable es que la llegada de nuevos inmigrantes se ha reducido. Aun así, desde que abrió el consulado de Rumanía en Castellón, hace dos meses, se han certificado 150 nacimientos.
“La gente venía porque tenía un amigo o un familiar al que le iban bien las cosas e iba de visita a Rumanía con un gran coche y dinero, pero ahora está difícil”, afirma Diana Dancin, copropietaria de un restaurante en el centro de Castellón. Tanto es así, que hace un par de semanas, se organizó un viaje de jóvenes de Târgoviste para mostrar cómo vive la comunidad rumana. Para conocer a quienes han salido adelante pero para constatar también que otros comparten habitaciones, ocupan masías abandonadas o han tenido que recurrir a la prostitución.
(Puede haber caducado)