ECUADOR

"Ya estamos todos, cambian los planes"

La Vanguardia, , 26-05-2008

ANDY ROBINSON – Checa (Guadalajara)
Cuando vi desde el avión los valles secos, pensé que quizás España podría ser el país pobre", dice Juan Guanga, oriundo del pueblo de Baños, en la selva alta del oriente de Ecuador que ahora vive con su familia en el pueblo de Checa, en Guadalajara.

No es de extrañar. Baños, de 18.000 habitantes, situado en un valle de los Andes con temperaturas en torno a 20 grados todo el año, tiene una vegetación tropical de exuberancia sobrecogedora. Ficus gigantescos y orquídeas exóticas bordean el camino hasta el mirador desde el cual Juan y su familia acababan de contemplar el volcán Tungurahua cuya erupción en 1999 los obligó a evacuar el pueblo durante un año entero. Juan había dejado su trabajo de profesor a 100 dólares mensuales y, tras la erupción, empezó a trabajar en la construcción boyante en las selvas del oriente petrolero donde cobraba 250 al mes. Luego se enteró por un amigo de que podría ganar 1.500 dólares en España en la limpieza forestal tras los incendios de Guadalajara del 2005. Ahora trabaja en la construcción en el municipio de Alcoroches para una empresa, principalmente de obras públicas. Cuando se mantuvo la primera entrevista, en Baños, en el verano del 2007, la familia esperaba papeles para que la mujer y dos hijos pudieran reunirse con Juan en Checa, un pueblecito despoblado de la árida meseta española, carente de árboles y con un clima que, como dijo Juan, “va a los extremos”.

Nueve meses después, los Guanga son la primera familia con niños pequeños en Checa, cuya población ha caído hasta 300 habitantes, un 25% menos que hace diez años, parte de una estrategia de regeneración mediante la cual se pretende dar la vuelta al descenso demográfico. Alicia, su mujer, trabaja en una residencia de ancianos. La familia tiene un piso de alquiler subvencionado y los niños van al instituto en Molina de Aragón. Mientras Checa levanta cabeza, la economía de Baños se estanca y Ecuador pierde población como aire de un globo pinchado. Tres millones de ecuatorianos, la cuarta parte de la población, viven fuera del país, casi 500.000 en España.

Por si eso fuera poco, “los que se marchan tienen más educación; más capital humano; los más pobres se quedan”, dice un director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington. “No somos todos iguales”, coincide la hermana de Juan, que tiene un pequeño colmado en Baños. “Comparado con sus hermanos, Juan es una persona más abierta, más dispuesta a buscarse la vida”, dice. “Ojalá logre lo que quiere y regrese”.

Rafael Correa, presidente de Ecuador, que acaba de visitar Madrid, comparte la esperanza. En enero puso en marcha un plan Retorno para ayudar mediante incentivos tributarios a los inmigrantes que desean volver. Correa, de la nueva generación de jefes de Estado en América Latina, dispuestos a decir lo indecible sobre la globalización del mercado, bien sea de capitales bien sea de carne y hueso, califica la emigración masiva de tragedia. “Respetamos el derecho de emigrar y la permanecía en el lugar de destino; pero también el derecho a regresar”, declaró su secretaria nacional del Migrante, Lorena Escudero.

No se sabe cuántos ecuatorianos residentes en España querrán aprovechar este plan. El derrumbe del empleo en la construcción puede engrosar las filas de interesados. Juan no se encontrará entre ellos. “Cuando me fui, la idea era quedarme tres años aquí; haría dinero para comprarme una casa y un coche en Baños. Pero ahora que estamos todos, cambian los planes; los niños crecerán; querrán ir a la universidad; ya no sé cuándo volveré”, dice. Y aunque Ecuador quiere que regrese el capital humano, difícilmente puede prescindir de los más de dos mil millones de euros anuales que mandan a casa, más divisas que ninguna otra exportación salvo el petróleo, aún más tras la apreciación del euro.

Pero conforme los inmigrantes se consolidan, esas remesas disminuyen. Durante los tres años en los que Alicia y los hijos permanecieron en Baños, Juan mandaba hasta 800 euros al mes. Ahora ya casi no envía nada. Según economistas del BID, la clave para el desarrollo es aprovechar la primera fase de emigración y remesas y luego una segunda etapa de regreso y creación de una clase emprendedora. Esa es la teoría. Un amigo de Juan regresó tras seis años en Alcoroches y consiguió financiación para comprar una máquina excavadora. Ahora tiene trabajo de sobra en la construcción de carreteras. “Le ha salido bien; cobra más o menos lo que cobraba en España”, dice Juan. “Pero su hijo está aquí en Checa”, añade.

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