Benemérito parto
ABC, 26-05-2008C. E.
CEUTA. Carmelo, Juan Manuel y José no son matrones, son guardias civiles, pero el pasado miércoles tuvieron que aprender a serlo con el cursillo acelerado que dan las urgencias, esas que se presentan cuando uno menos lo espera y en los lugares más insospechados. Como la garita de vigilancia que la Guardia Civil tiene en el puesto fronterizo de Benzú. Hasta allí, pasadas las diez de la noche, se presentó Halima, una vecina de Beliones con contracciones de parto. Le acompañaban un marido, nervioso, y el conductor del vehículo que la llevó hasta el puesto de la Benemérita.
Allí estaba el agente Carmelo Lorenzo. Con 31 años de servicio y la única experiencia en eso de traer hijos al mundo que le pudiera dar el haber sido padre en dos ocasiones, aunque sin ser nunca testigo directo de los partos, este guardia civil fue el primero en atender a la fémina que, con gestos, alertaba de que su hijo estaba a punto de nacer. Dos compañeros de patrulla, José Pérez y Juan Manuel Carrasco, acudieron hasta la garita al estar cerca de la zona y al escuchar la llamada de emergencia lanzada por el compañero.
Situación embarazosa
La situación no podía complicarse más. O sí. A los pocos minutos golpearon en la puerta. «Eran dos mujeres, una de ellas también embarazada», recuerda el agente Carmelo. Aunque con más aguante que Halima. Ellas mismas solicitaron que se avisara a un taxi que se encargó de trasladarlas al hospital. Mientras Halima alertaba ya del nacimiento inmediato de su criatura. «Comenzó a gritar por las contracciones», apunta. Mientras dos de los tres guardias ayudaban a Halima, el tercero se centró en contener el nerviosismo del esposo que instaba a la mujer a que aguantara el parto hasta que viniera la ambulancia. «Un compañero le apartó para que la mujer estuviera tranquila, mientras entre dos intentábamos tranquilizar a la señora y ayudarle para que el bebé viniera bien».
¿Pero cómo hacerlo si nunca habían pasado por una intervención de este tipo? Detenciones de delincuentes, sanciones por ilegalidades e incluso rescate de inmigrantes eran los servicios más comunes que marcaban la hoja de servicio de los tres guardias. ¿Pero un bebé? Les había tocado a ellos, como en abril de 2007 les tocó a otros dos compañeros también destinados en esta misma garita que va camino de convertirse en un nuevo paritorio.
Echando mano de lo que traían en sus propias mochilas y con un paño que llevaba la propia Halima, los guardias se pusieron manos a la obra intentando, más que todo, relajarla e indicándole que empujara. Así hasta que tuvieron al bebé en sus manos. «Vimos que estaba bien, sano, que lloraba. Entonces le arropamos con el paño que traía la señora. No nos atrevíamos a cortar el cordón umbilical y como ya llegaba la ambulancia un enfermero del 061 se encargó de eso».
Esta intervención que bien pudiera encuadrarse en uno de esos casos aislados o insólitos registrados en plena frontera con Marruecos ha terminado por convertirse en el mejor servicio para Carmelo, José y Juan Manuel. «Ha sido una experiencia inolvidable, muy bonita, estamos muy orgullosos», narran. «Los guardias civiles no estamos sólo para denunciar, también estamos para ayudar a la sociedad», ironiza Carmelo quien acudió al hospital civil al día siguiente para ver al recién nacido junto a su esposa, inmortalizando su rostro para siempre con el teléfono móvil. El bebé de Halima, que ya se encuentra en su casa, en Beliones, será sin duda un bebé especial. No todos llegan al mundo con tres tricornios debajo del brazo. Él sí.
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