LORCA

El Magreb en casa

En la calle Mayor del Barrio han abierto hasta 15 comercios de origen árabe Los productos llevan etiquetado acorde con sus potenciales consumidores

La Verdad, , 20-05-2008

La calle Mayor del barrio de San Cristóbal se ha convertido en una especie de zoco en el que se dan cita bazares, peluquerías, cafeterías y supermercados en los que se comercializan todo tipo de productos que tienen que ver con el país halauita. A determinadas horas, es prácticamente imposible, cruzarse por las aceras con ciudadanos que no hablen otra lengua que no sea el marroquí. Su procedencia es bien visible sólo contemplando su aspecto. La mayoría visten chilabas, babuchas y su tez es morena, ocultando parte de su rostro bajo una espesa barba.

El lugar se ha convertido en punto de atracción no sólo para oriundos del magreb, sino también para indios, pakistaníes e incluso españoles que acuden a comprar, sobre todo, té y especias que incorporar a sus comidas para darles cierto toque exótico.

Los primeros comercios de éstas características se abrieron hace poco más de dos años. Lo hicieron de forma tímida. Con el paso del tiempo, se han ido sumando otros, hasta llegar a la quincena sólo en la calle Mayor del barrio de San Cristóbal. Otra media docena se suman en Puente Gimeno a pocos metros y ya en el barrio de San Diego.

Aseguran sus promotores que su apertura se produjo para intentar satisfacer las necesidades de un sector de población, cada día más amplio y que tenía serias dificultades para encontrar determinados productos, como la carne, que estuviese manipulada respetando la tradición musulmana.

Esto ocurre en el supermercado Karam, situado en el número 43 de la calle Mayor del Barrio. Al frente de él, está Abdula, de origen magrebí, quien explica que la carne que vende viene del matadero regional pero cumple con las normas de su religión en cuanto al cordero se refiere y en los momentos en que se lo requieren.

El establecimiento lleva abierto al público año y medio. Entre sus clientes, según cuenta, hay muchos extranjeros, sobre todo, árabes, indios y pakistaníes, aunque también españoles.

Su oferta es amplia. Las estanterías de tés ocupan casi toda una pared. De todos los sabores y aromas y también de procedencias variadas, aunque explica que los más vendidos son los que vienen de «China». Este producto es uno de los más adquiridos por los españoles, sobre todo, «las chicas», detalla. Junto al té, caldo de carne en cubitos, sémola de trigo duro, concentrado de tomate, miel… todo con etiquetado marroquí.

A pocos metros está el Bazar Tadla donde se pueden comprar toda clase de teteras y vasos tallados de colores para hacer te moruno. Bandejas, mesas bajas y otros detalles, conforman una amplia variedad donde elegir. La cafetería Karam es otro de los lugares más frecuentados por los árabes de esta zona de la Ciudad, como también el Locutorio Mi Corazón al que acuden, sobre todo ecuatorianos.

En el número 51, en la calle Mayor esquina con la calle Abellaneda, está la peluquería de Awati Bonalem. Lleva ocho años en España y regenta este negocio desde hace dos. Su clientela aumenta por las tardes. Las mañanas suelen ser muy tranquilas. «Todo el mundo está trabajando en el campo».

A la hora en que los jornaleros vuelven de las explotaciones agrícolas su barbería se llena de público que acude a «cortarse el pelo, afeitarse, arreglarse la barba…», detalla. De lunes a sábados el número de clientes es amplio, aunque el groso llega el domingo. «Es el único día que no tienen que ir a trabajar al campo, en el que descansan y pueden hacer compras, arreglarse», añade.

Se muestra muy molesto porque no le dejan abrir los domingos. «Me perjudica mucho cerrar ese día, es el único en que mis clientes, de las pedanías pueden venir». Y muestra un escrito que ha enviado al Ayuntamiento solicitando que se le deje abrir los domingos. «Yo he cumplido con el requerimiento municipal que me impedía abrir el domingo, pero hay muchos establecimientos y peluquerías que lo hacen. Es injusto», se queja Bonalem.

Este magrebí dice que abrió la peluquería para poder sacar adelante a su familia. A sus 38 años está casado y espera un hijo que llegará este mismo mes. La unidad familiar la conforma también un hermano que llegó, como él, del este de Marruecos. Entre su clientela, concluye, también hay cada vez más «españoles mayores, aunque todavía pocos».

En la misma zona donde está la peluquería de Bonalem hay otra barbería, Al Andalus, muy cerca de un salón de Internet para jóvenes y el locutorio Vic donde se pueden realizar también envíos por fax. Algunos vecinos están sorprendidos por la proliferación de comercios de carácter magrebí. Es el caso de Pedro Franco, quien cuenta que por las tardes, «es difícil ver a un europeo. Todos son árabes, así que no pregunte usted por una calle».

Dice que no suele acudir a estos establecimientos. «No, yo hago la compra en Eroski o Mercadona. A esos comercios van árabes y ecuatorianos». Y añade que «ahora hay menos extranjeros en el Barrio». Muchos, explica, «se han marchado a Valencia o Almería por la crisis». Junto a él, Luis Ruiz, explica que «la falta de agua supone menos trabajo en el campo y que se marchen a Valencia a la naranja».

Lo que no olvidan de echar cada semana, sobre todo los magrebíes, es La Quiniela. Lo hacen en la administración de loterías número 3 que regenta Luis José Chichoné Molina. Su primo, Ignacio, El Perla, dice que «ni Primitiva, ni Bonoloto, ni loterías, a ellos [los magrebíes] lo que les gusta echar es La Quiniela. Lo hacen con regularidad».

Los ecuatorianos, por el contrario, suelen jugar a la Lotería. «Sobre todo, por Navidad. Juegan al menos un décimo». Cuando más gente suele acudir ¯extranjeros¯ es a partir de las 19.30 horas, al regresan de trabajar en las explotaciones agrícolas. Esta administración es conocida porque en ella se vendió el «último premio dado en pesetas del sorteo de navidad».

Repartieron 6.000 millones de pesetas lo que les valió una repercusión nacional con la que todavía hoy cuentan. «Viene mucha gente de toda Lorca. En las pedanías tenemos muchos clientes fieles que acuden cada semana». Mientras hablamos con él, los clientes se quejan de que no se les deja aparcar ni un minuto para poder comprar sus décimos.

«La policía nos multa al vuelo», asegura José Luis Ruiz, quien dice que ya le han sancionado en dos ocasiones. «Vino un policía y me hizo una foto, así que la multa le llegó a mi mujer, que es la dueña de la furgoneta».

Alquileres más bajos

Junto a él, varios ciudadanos árabes con sus boletos de La Quiniela en la mano, y tres bolivianos dispuestos a comprar un décimo de Lotería compartido. Todos, aseguran que viven en el Barrio. Mohamed, uno de ellos, dice que porque aquí los alquileres están más bajos. «Son pisos antiguos y sin ascensor, pero no nos importa», admite sonriente.

Helen, boliviana, vive desde hace cinco años en Lorca. Se ha trasladado recientemente al barrio de San Diego. «Vivo con cinco bolivianos más». Asegura que es una zona tranquila, pero que quizás se marche porque hay poco trabajo. «En los campos ya no hacemos tanta falta como antes. Ahora ya no se trabaja tan de corrido. Estamos pensando en marcharnos a Valencia, a la naranja. Allí está mi hermana y su esposo y les va bien», cuenta.

Otros, añaden, se han marchado a Jaén y a Huelva. «La fresa la pagan muy bien», cuenta Williams González, quien señala que cada vez manda menos dinero a su país. «Aquí la cosa se está poniendo mal, ya no es como antes. Muchos compatriotas están volviendo a nuestro país».

A pocos metros de la calle Mayor se encuentra Puente Gimeno, que desemboca en la avenida de Europa. Allí la afluencia de establecimientos con productos de otros países es también importante. La carnicería Dahir, con alimentos de Ecuador; la de Mohamed; la Dahir¯Si¯mohamed Halal; el bazar Dahir Ilyas… En éste último trabaja Labe. Es de Marruecos y lleva en España diez años.

Está casado y tiene dos hijos. En su comercio vende de todo. Desde mantas, sábanas, babuchas, kafkan… hasta teteras, alfombras, lámpara, mesas de te, bandejas. Le acompañan varios compatriotas con los que charla amigablemente. Cuenta que entre sus clientes no sólo hay árabes.

Por ambas calles, muchos ciudadanos originarios de Marruecos como Shamira a la que acompañan tres niños. «Dos son mis hijos. La otra, es de mi hermana que está trabajando». Afirma que aún no están integradas y que se dedican única y exclusivamente a sus esposos e hijos porque «no hablamos bien español».

En la avenida de Juan Carlos I y algunas calles aledañas como Musso Valiente se han abierto bazares que están regentados por ciudadanos chinos. En ellos, se puede encontrar no sólo productos de alimentación, sino también textil. El éxito de éstos comercios reside en su amplitud de horario de apertura, ya que permanecen con los puertas abiertas hasta bien entrada la madrugada.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)