LA POLÍTICA DE INMIGRACIÓN
Italia no va al fascismo
ANÁLISIS
La Vanguardia, , 17-05-2008Han tomado los fascistas Roma? No. Existe una tendencia en el progresismo europeo – equivocada, bastante equivocada- a leer la evolución de Italia en clave apocalíptica. No, Mussolini no vuelve a marchar sobre Roma. No hay retorno al pasado; al contrario, el laboratorio italiano nos sigue hablando del futuro. A su manera. Teatralmente. Compulsivamente.
A principios de los años noventa, más de media Europa consideraba una inquietante anomalía populista el estilo con que el empresario Silvio Berlusconi rompía la escenografía política clásica y dejaba atrás el mitin de atril: lenguaje directo y micro inalámbrico, como si estuviese en un plató de televisión. Hoy en día, quince años después, todos los actos políticos, sin excepción, tienen formato televisivo.
Berlusconi representa una anomalía, sí: la colusión de la política con la propiedad de un imperio mediático. Es, sin embargo, una anomalía tolerada por la izquierda, que pudo haber legislado al respecto. Fueron conservadores. Prefirieron la hegemonía televisiva de Berlusconi (loco conocido), a la de Rupert Murdoch (loco por conocer), que estaba dispuesto a comprar todos los canales del grupo Mediaset.
Berlusconi ha vuelto a ganar las elecciones por la quiebra estructural del centroizquierda, incapaz de soportar el peso de sus contradicciones. Para entendernos, el Gobierno Prodi era un tripartito multiplicado por tres.
El nuevo Gobierno italiano – en el que la Liga Norte (Esquerra Republicana dentro de unos diez años, quizá menos) tiene un peso específico- ha llegado al poder con un lenguaje duro sobre la inmigración. Recién estrenados, los nuevos ministros hablan de expulsiones colectivas y ponen el foco en los gitanos rumanos, no muy apreciados en las periferias deprimidas de las grandes ciudades, especialmente Roma y Nápoles. Pero las leyes no han cambiado. El discurso duro, que confluye con el de Nicolas Sarkozy en Francia, prepara el terreno para la aprobación de una nueva directiva europea sobre inmigración en clave de severidad.
El Gobierno socialista español también va a endurecer su discurso sobre la inmigración. Esta es una de las tareas asignadas al ministro Celestino Corbacho. El PSOE tiene estudios sociológicos al respecto. Pero el ritmo es otro. En principio, más suave. En principio, porque el horizonte económico se está complicando más de lo previsto. Italia, siempre futurista, ya está en plena tormenta. Y no es agradable.
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