«Les añoras cada día»
Diario Vasco, , 15-05-2008san sebastián. DV. Emma López Andino aún llora al recordar cómo echaba de menos a su hija cuando llegó al País Vasco a trabajar. La niña tenía entonces tres años y se quedó en Honduras con su padre. Hoy tiene 8 y toda la familia vive en San Sebastián. «Voy a tomar la voz de la mujer que decide salir de su país y que de un día para otro se encuentra en otro continente separada de su familia», dice. Le basta con hablar de su propio caso. «Son mujeres que se separan de sus hijos y que cada mañana se despiertan con la necesidad y el deseo de verles jugar y crecer y poder darles un abrazo. Sueñan con ellos pero al despertar nunca están ahí».
Es una situación muy dura. «Son mujeres que se encuentran separadas por grandes océanos de lo que más quieren en el mundo», dice. «Por las dificultades de encontrar un trabajo no resuelven sus necesidades y se encuentran cada día más lejos de su familia, con sueños que no terminan de cumplirse».
El encuentro se hace difícil. «Estas personas se echan a los hombros una gran responsabilidad familiar», afirma. En su caso la situación se ha resuelto felizmente. Vive con su marido y sus tres hijos en Donostia, ciudad donde han nacido los dos pequeños: Ion Sebastián, de dos años, y Maria Belén, de un mes. «Después de un túnel oscuro siempre hay una salida. Depende del optimismo y del valor de cada uno. Las mujeres tenemos un gran valor y a veces éste no se reconoce».
Preguntas de los hijos
Un final feliz aunque los problemas no siempre desaparecen. «Animaría a las madres que quieren traer a sus hijos a pensarlo y a prepararlo bien. Porque los niños se encuentran aquí con una gran diferencia respecto a su país de origen». Su hija mayor sigue preguntándole por qué la separó de sus primas y del resto de la familia. «No es tan fácil integrarse y tener amigos, porque la gente aquí, por cultura o forma de ser, resulta algo inaccesible para nosotros. Hay que valorar todo esto».
¿Su hija terminará comprendiendo la situación? «Me lo sigue preguntando, pero sé que al final ella comprenderá que fue lo mejor y que lo más importante es que la familia esté reunida. Es cierto que en estos tres años que lleva aquí, cada día es más fácil . Aunque aún no hemos encontrado la respuesta definitiva que le llene y le cubra la necesidad de saber por qué estamos aquí».
Una vez en el país de acogida, «hay que ser consciente de las muchas cosas buenas que los inmigrantes podemos aportar». «No sólo venimos a servir, a limpiar y a cuidar. Tenemos mucha riqueza espiritual que podemos compartir con la gente que nos acoge». Emma López, que es enfermera y cuida a personas mayores, da importancia al papel de acogida que cumple la Diócesis Pastoral de Inmigrantes. La entidad ha organizado para hoy y mañana unas jornadas bajo el lema Con ellos somos iglesia. «Quienes somos creyentes y deseamos alimentar nuestra fe encontramos aquí apoyo y ayuda para que nuestras creencias se fortalezcan».
Cecilia Lee, religiosa coreana de la Compañía de Jesús Mary Ward, es responsable de la Pastoral del Emigrante. «Los inmigrantes también son Iglesia. No debemos hablar de ‘ellos’ y ‘nosotros’. Para el inmigrante es importante contar con un grupo de amigos que sirva de referencia. Y nosotros acogemos a todos, con independencia de cuáles sean las ideas religiosas que se tengan».
El tópico de Africa
El hijo de André Ngubu Mangongo llegó un día a casa preguntando ‘¿por qué soy negro?’ y ‘¿por qué en África vive la gente pobre?’. Era algo que le habían transmitido sus compañeros de clase. Y su padre anima a romper los tópicos existentes. «Así como cuando vine a vivir al País Vasco, la gente se dejaba llevar por la parte menos amable de esta sociedad, cuando se escucha algo de África, es bastante común pensar sólo en pobreza. Y las cosas son diferentes».
Natural de Congo, André Ngubu es economista de formación y trabajaba en un banco en su país. Tuvo que venir al País Vasco forzado por la enfermedad de su hijo, al que se le han practicado varias operaciones y cuya salud se ha recuperado. «He cambiado de trabajo varias veces, pero no puedo quejarme de mi situación», dice. «Yo me ví forzado a venir a causa de mi hijo. He comprobado que la inmigración es una aventura que encierra mucho sufrimiento. Pero aquí he conocido a gente que me ha ayudado mucho».
Abdoulaye Gueye también anima a cambiar la imagen del emigrante. «Hay clichés que siguen funcionando y habría que eliminar. Por ejemplo, el vincular delincuencia con inmigración o ver al inmigrante explotado laboralmente como víctima y culpable a la vez».
A su juicio, habría que destacar y apreciar «lo que los inmigrantes aportan a la sociedad en la que viven».
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