TESTIGO DIRECTO / ROMA

El terror de ser gitano en Italia

El Mundo, IRENE HDEZ. VELASCO. Corresponsal, 15-05-2008

Los cíngaros que viven en un campamento a las afueras de la capital italiana expresan su temor ante la ola de violencia que se ha desatado en su contra «Quieren hacer una limpieza étnica. Primero pretenden expulsarnos a nosotros, los gitanos. Pero luego harán otro tanto con los musulmanes, con los judíos, con los negros, con los comunistas…». Cismi Odisei, de 39 años, se atusa sus bigotes negros mientras se muestra visiblemente preocupado por el clima de xenofobia que invade Italia. Este gitano de origen bosnio es el jefe del campamento de nómadas de Castel Romano, una especie de gueto abierto hace dos años y ocho meses por la Alcaldía de Roma en medio de la nada y donde se hacinan cerca de un millar de cíngaros, repartidos en 190 casetas prefabricadas en cada una de las cuales malviven apretujadas en 30 metros cuadrados unas cinco personas. Sin agua potable.


En este lugar desolador sólo se hablaba ayer de una cosa. «Ya han quemado dos campos de gitanos en Nápoles y nuestro miedo es que cualquier día vengan a por nosotros», nos cuenta Hamidovich Alio, una gitana de 56 años, que no sabe si teme más los posibles estallidos de violencia ciudadana o los planes de expulsión masiva de cíngaros que planea el Gobierno de Silvio Berlusconi. «Llegué a Italia con 17 años y ahora tengo 52. ¿A dónde me van a mandar? Mis cuatro hijos y mis cinco nietos han nacido todos aquí».


Los mismos temores embargan a los 600 gitanos, la mayoría rumanos, que viven en el campamento de la Muratella, al suroeste de Roma. «Están nerviosos, tienen miedo. De hecho, muchos se están yendo», dice Natalia Cherubini, una empleada municipal que trabaja aquí. «Están fomentado el odio contra nosotros. Los italianos cada vez nos odian más», se queja Ion Bambalau, el rumano de 47 años que ejerce como cabecilla del campo y que trabaja conduciendo uno de los autobuses que transporta al colegio a los 200 niños que aquí viven. «La culpa es de los políticos de derechas que han ganado las elecciones y que fomentan el odio contra nosotros», sentencia.


Bambalau tiene una sospecha, que comparten la inmensa mayoría de los gitanos: que el supuesto intento de secuestro de una niña italiana a manos de una rumana de 16 años registrado el pasado domingo en Nápoles y que ha desencadenado la reciente oleada de violencia popular contra los gitanos, haya podido ser manipulado (sino generado) por el poder. «Nos pueden acusar de robar dinero, oro, relojes, joyas… Pero niños, no», afirma Bambalau. «Nadie ha visto la foto de la presunta secuestradora, los periódicos no han publicado su nombre, los gitanos de Nápoles no saben quién es… Para mí que se han inventado esta historia para poder justificar la violencia contra nosotros», aventura Odisei.


Y si tienen miedo estos gitanos, que se encuentran legalmente en Italia, lo que sienten los gitanos que se encuentran irregularmente en el país se llama pánico. Eso es al menos lo que siente Daniella, una rumana de 40 años que vive en condiciones infrahumanas en una de las 30 miserables chabolas que se ocultan entre la maleza en Magliana, un barrio de la periferia de Roma, sin agua, sin luz, sin que los niños vayan al colegio: «Vivimos con el terror de que cualquier día venga la Policía y nos eche», confiesa.

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