Los indigentes huyen del centro de BCN para evitar robos y vejaciones

El Periodico, DAVID PLACER, 05-05-2008

Camuflarse es su mejor defensa. Cada vez más indigentes huyen de Ciutat Vella y del Eixample por el temor a sufrir alguna agresión de los jóvenes borrachos que van de fiesta o los frecuentes robos de mantas, chatarra y hasta móviles. La montaña de Montjuïc, Collserola, Torre Baró o incluso las salas de emergencia de los hospitales o los pasillos del aeropuerto de El Prat son un lugar seguro para pasar desapercibidos. Allí están resguardados y no sufren el marcaje de la policía y de los guardias de seguridad privados.
Los trabajadores sociales que asisten a los sin techo han detectado un creciente temor en este colectivo a revelar a terceros el lugar donde duermen. “Son profundamente desconfiados. Cada vez más suelen buscar lugares donde pase poca gente y no puedan ser vistos. Por lo general lo hacen en grupo, para sentirse más seguros”, explica Jesús Ruiz, encargado del centro de acogida Assís.
“El sitio en el que duermen es su secreto mejor guardado porque tienen miedo a todo, en especial las mujeres”, afirma Enrique Richard, uno de los voluntarios que censó a los indigentes, hace pocas semanas.
Valentina, una italiana de 23 años, decidió alejarse del centro de la ciudad por miedo a sufrir agresiones. “Cuando dormía plaza Reial y en la plaza del Teatre me tiraban cerveza y botellas de vidrio. Ahora estoy más tranquila porque aquí no pasa nadie”, cuenta Valentina, que vive con su compañero y sus 12 perros en los alrededores de Montjuïc.

COMPETENCIA POR CAJEROS
Los recursos con los cuales muchos indigentes pueden subsistir en el centro de la ciudad tienen cada vez más competidores. Además de los restos de comida y las limosnas que pueden obtener, los sin techo comienzan a vivir una lucha por los espacios.
“En Ciutat Vella solo sobreviven los más jóvenes, fuertes y violentos. Allí hay mucha competencia para dormir debajo de un balcón o dentro de un cajero. Las mujeres y ancianos, que son los más temerosos, buscan otros sitios”, comenta José Franco, director del centro residencial para indigentes de Can Planes.
Ricard Gomà, concejal de Bienestar Social, asegura que el ayuntamiento conoce el fenómeno, pero no es un movimiento masivo.
Hassan, un marroquí de 28 años que se recupera de su adicción al alcohol en el centro de Can Planes, cuenta que su estrategia para protegerse de los robos era cambiar constantemente de lugar. “Nunca pasaba la noche en el mismo sitio. Buscaba puentes o lugares techados. Intentaba estar con amigos porque es más difícil que te busquen problemas si tienes compañía”, dice Hassan.
Los indigentes se quejan de que el robo de chatarra, móviles y mantas son frecuentes en los cajeros. Acusan a jóvenes gamberros, grupos de inmigrantes y otros mendigos de ser los responsables. “Los gitanos rumanos son los más violentos”, dice Gonzalo, de 61 años, que sigue un proceso de inserción social. La Guardia Urbana asegura que no reciben denuncias de este colectivo, lo cual dificulta la detección de los agresores.

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