Cuarenta mauritanos son contratados en origen por los payeses catalanes para trabajar en la cosecha de la pera

El Periodico, BEATRIZ GARCÍA, 02-05-2008

“¡Con este viaje mis hijos podrán comer durante meses!” Hammdi Mamadoy, casado y de 27 años, irradiaba felicidad. No despegaba el dedo índice de la lista de los seleccionados que acudirán al campo catalán para trabajar en la recolecta de la pera. Dos meses de trabajo por el que percibirá un salario de entre 700 y 800 euros al mes. Envuelto en harapos, llegó a la oficina de la Agencia Nacional de Promoción del Empleo de Jóvenes (Anapej) para informarse de si había sido incluido en el paquete de los posibles contratados. Las noticias no podían ser mejores.
Otros, agolpados sobre la pared de la que colgaban las listas, no pudieron decir lo mismo. Les habían desestimado su solicitud. “¡Yo tengo tres años de experiencia en la agricultura y no me han admitido!”, reclama algo encrespado Ethamn. Para una primera criba, los payeses catalanes reclamaron al Gobierno que la mano de obra procediera de una región agrícola y con experiencia en el sector. Un requisito que descartó a miles de jóvenes ligados a la ganadería. Mauritana, antes que agrícola, es un país de ganaderos, asolado por la pobreza: el 50% de la población, según datos oficiales, y una media de siete hijos por familia.

13.000
inscripciones
La oficina de la Anapej acumuló más de 13.000 inscripciones después de que el Ministerio de Trabajo español firmara en julio del 2007 un acuerdo para establecer cupos de contratos en origen, una de las medidas para hacer frente a los flujos migratorios. Desde entonces, los mauritanos esperaban ansiosos el cumplimiento del compromiso, incluso con manifestaciones en la calle.
Finalmente, hace un mes salió a la luz pública el rezagado anuncio en el que se buscaba a 40 personas para emplear en España. Desde entonces, el aluvión de candidatos no paró, teniendo en cuenta que las expectativas de futuro para los jóvenes son pocas o ningunas. Apenas guardan esperanzas de cambio un año después de que Sidi Mohamed Ould Chaikh Abdellali fuera elegido presidente de la República Islámica de Mauritania. La corrupción sigue sin tocar techo.
“Aquí no hay nada”, repetía Veuzio, algo disgustado por las condiciones del contrato laboral. Está muy preocupado porque duda de poder ahorrar en solo dos meses de trabajo. El 10% de su salario será destinado a la comida y el alquiler. Pero lo que le trae de cabeza es el billete de vuelta, que corre a cuenta de los trabajadores, aunque los payeses de Catalunya se ocuparán de la gestión para que resulte lo más económico posible. Su portavoz, Joan Vergés, asegura que “se trata de un plan piloto, por el que apuestan al 100%”. Y de salir bien, el próximo año aumentarán el contingente, los meses de empleo y, por supuesto, las condiciones laborales.
Con ojos lagrimeando, la hermana de Ethman preguntaba reiteradamente a esta periodista: “¿Por qué han rechazado a mi hermano? ¿Es usted de la embajada? ¿No puede hacer nada?” Permaneció de pie toda la mañana, sin apartar la mirada de las listas, pensando que se trataba de un error o simplemente que la Anapej aún publicaría nuevos nombres y su hermano estaría entre ellos: “Está muy preparado físicamente”.

Los estudios
Algunos mauritanos ni siquiera lo intentaron porque, aunque mostraban una indiscutible capacidad física, el nivel de estudios era cero. No recuerdan haber tenido papel y lápiz en las manos. Y el haber pasado por la escuela primaria daba puntos. Fueron hasta la oficina nacional solo para “curiosear” sobre los seleccionados.
Todos se conocen, y algunos – – los desestimados – – se echaron las manos a la cabeza cuando vieron en las listas a mauritanos que a su juicio “son débiles y lacrarán próximas convocatorias si los españoles observan que no trabajan bien las 40 horas semanales, como reza el contrato”. Acto seguido, se mostraron muy escépticos sobre la transparencia en el proceso de selección. De hecho, en otros países, como Senegal, donde también se ha abordado esta experiencia, hubo denuncias y protestas en la calle contra la arbitrariedad en la elección de los candidatos.

El riesgo
Ahmed, ataviado con la darrá, el llamativo traje nómada, no tiene cargas familiares. ¿Piensa quedarse de forma ilegal en España? Después de pensarse la respuesta, responde: “Si puedo, sí”. Es el riesgo de los contratos en origen “que la delegación catalana deberá asumir”, aseguran fuentes de la embajada española. No obstante, los payeses confían en que los 40 candidatos retornen a Mauritania porque permitirá que el próximo año “en vez de ser 40, sean 400”. Y, además, los propios mauritanos sienten la obligación de respetar un compromiso que han sellado con su país y la agencia. “Si ninguno regresa, nadie nos volverá a contratar en España”, afirman.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)