M2 / ASALTO A CAÑADA REAL
El día que Iman perdió y recuperó su casa
El Mundo, , 23-04-2008Las 24 horas más difíciles en la vida de una muchacha marroquí de 18 años en el asentamiento ilegal junto a Rivas Vaciamadrid: por la mañana estudiaba el carné de conducir en su habitación, horas después las excavadoras destrozaban su hogar y los antidisturbios la impedían reunirse con su familia Son las 6.20 de la madrugada, la luna aún reina sobre la Cañada Real e Iman se asoma expectante a la puerta de su casa, la 61b del sector V. Tiene 18 años, profundos ojos negros y combina vaqueros con hiyab. Ha oído que hoy van a tirar su casa, su padre se ha ido a Plaza de Castilla para intentar parar el derribo y ella, «pues aquí estamos, esperando», con una tierna sonrisa.
6.30 horas.
Iman, natural de Marraquech y en España desde hace siete años – «¿Papeles? ¡Mi padre lleva 17 años aquí!» – , nos enseña su casa. Unos 70 metros cuadrados de entrada algo anárquica, pero interior confortable: un salón con dos enormes sofás y una macrotele de plasma, dos habitaciones con todas las comodidades y una cocina alicatada hasta el techo. Dentro viven dos familias, 11 personas. «Nosotros sólo queremos trabajar, ¿sabes?». Ella curra de panadera y estudia el carné de conducir. A su padre, Mohammed, lo llaman «el melonero» por su negocio.
8.30 horas.
Los antidisturbios desalojan la zona, pero un representante de Urbanismo dice que la casa a demoler no es la de Iman, sino la vecina. La joven es expulsada del perímetro junto con los periodistas y vecinos. Siente miedo: «No sé, no me lo creo, no había orden de derribo, pero sí de registro». De pronto se da cuenta de que su madre y su hermana de cuatro años siguen en la casa. El diálogo con los antidisturbios es arduo: «¡Pero yo vivo ahí! ¡Quiero estar con mi madre!». La dejan pasar al fin. Corre con su gabardina negra sobre el barrizal.
10.30 horas.
Inesperadamente, y a pesar de lo anunciado por Urbanismo, la excavadora comienza a demoler la edificación de Iman y su familia, mientras los vecinos claman que contra esa casa no hay orden de demolición. La clave: la instancia ordenada por el juez iba al parecer dirigida a la parcela número 61. La casa de Iman, que está en suelo del municipio de Madrid, fue construida años después de la de al lado, la que pertenece al presidente de los vecinos, la 61a, en suelo de Rivas Vaciamadrid. ¿Habrán confundido los operarios una letra con otra? Sea como fuere, la piqueta continúa destrozando la edificación, mientras la joven, su madre y su hermana son evacuadas a zona legal, fuera de la Cañada, a 70 metros de allí.
13.30 horas.
Iman ya no quiere que la graben. Las cámaras enfocan sus ojos negros y ella rehusa, al borde del llanto. «¿Qué vamos a hacer? ¿Dónde vamos a dormir hoy?», pregunta en alto, a todos y a nadie. Su padre regresa justo en ese momento del juez, y aún 17 años después de llegar a España su castellano es bastante ininteligible. «¿Esto es democracia? ¿Los niños sin techo? ¿Los perros sin techo?», dice con un hilillo de voz, rodeado de los bolivianos desalojados de la casa de al lado, la pensión ilegal de Félix Rodríguez, el presidente de la asociación de vecinos. Con él llega Patricia Fernández, la abogada que le ha acompañado a pedirle al juez una moratoria al derribo, al no habérsele notificado nada a Mohammed: «El juzgado nos ha contestado que como el derribo ya se ha producido no hay más que hablar». ¿Justicia de hechos consumados?
17.30 horas.
Los bulldozers se han ido. El sector V de la Cañada Real Galiana tiene un costurón en su vientre: tres de sus edificios le han sido amputados. Los vecinos rebuscan entre los restos para salvar de la quema algún que otro despojo de su vida anterior, porque la nueva, lejos de aquí, será distinta como poco: efectivos del Samur confirman que sólo tres familias han aceptado, a esa hora, ser realojados por el Ayuntamiento de Madrid.
Y entre tanto desastre, un milagro: Iman y sus padres vuelven a lo que queda de su hogar y descubren que gran parte sigue en pie. Tal vez por esa confusión de las letras, la piqueta les ha respetado. Hoy dormirán en su casa de la Cañada Real de nuevo. Pero, ¿hasta cuándo?
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