El viejo Harlem negro se aburguesa
El alcalde de Nueva York quiere transformar el barrio negro en un centro comercial y de negocios. La comunidad vecinal se atrinchera por mantener su identidad.
La Vanguardia, , 14-04-2008MARC BASSETS – Nueva York. Corresponsal
Nadie me paga por hablar con periodistas", se queja Sikhulu Shange. “Entiéndalo: lo que ahora me ocupa es cuestión de vida o muerte”. A los 66 años, Shange – cubierto con una túnica africana- es una institución en Harlem. Es el propietario de la tienda de discos Record Shack, en la calle 125 de este barrio en el norte de de Manhattan. Y es un hombre irritado.
El propietario del edificio intenta echarlo. Él, que paga 5.000 dólares al mes de alquiler, ha recurrido a la justicia. No las tiene todas consigo. Su combate, en todo caso, va más allá de Record Shack, una tienda de barrio que teme desaparecer ante el aluvión de cadenas comerciales. “Nos están robando Harlem”, advierte.
Shange, que nació en Sudáfrica y llegó a Estados Unidos en 1962, es uno de los líderes del movimiento vecinal para frenar los planes del Ayuntamiento de Nueva York para remodelar la 125, también conocida como bulevar Martin Luther King Jr. El objetivo del alcalde Michael Bloomberg: convertir la arteria central de Harlem en uno de los centros comerciales y de negocios de la ciudad.
Los defensores del plan, que prevé construir edificios de pisos y salas de arte, alegan que rescatará de la marginación y la pobreza una zona aún degradada, a pesar del proceso de aburguesamiento – común en muchas zonas urbanas de Estados Unidos- que ha vivido en la última década.
Los detractores, como Shange y centenares de vecinos que organizaron protestas en las últimas semanas, creen que la remodelación encarecerá los precios, que la llegada de grandes cadenas arrasará con las tiendas como Record Shack, que los pisos nuevos dispararán el precio de la vivienda y sus habitantes originales – afroamericanos la mayoría- se verán obligados a emigrar.
La 125 conserva mucho de la atmósfera del viejo Harlem negro.
El del renacimiento de los años veinte, cuando el barrio fue el escenario de la eclosión de la literatura, el arte y la música afroamericana. Y el Harlem de la lucha por los derechos civiles.
El legendario teatro Apollo, donde se forjaron leyendas como Billie Holiday y James Brown, sigue en pie. El hotel Teresa, uno de los pocos rascacielos de la calle, lleva años cerrado, pero las letras gigantes no se han borrado. Es un hotel con historia: se alojaron de Fidel Castro a Malcolm X. Los vendedores callejeros ocupan las aceras. Huele a pincho moruno, incienso y perfume. Se oye hablar criollo. Los edificios están degradados. El paro y la pobreza son superiores aquí que en otras zonas de Manhattan.
El otro Nueva York – el de los edificios con conserje y tiendas de lujo- queda lejos.
O quizá no tanto. Los autobuses turísticos circulan sin cesar. Algunos vecinos lo viven con incomodidad, como si esto fuese un parque temático. La cadena de cafés Starbucks – un monopolio en los barrios más al sur de la isla- ya ha desembarcado en la 125. Bill Clinton, al abandonar la Casa Blanca, instaló su oficina en esta calle, pero según algunos vecinos, sólo sirvió para encarecer los alquileres. Y a él se le ve poco.
¿Vive Harlem un nuevo renacimiento o mueren los últimos vestigios de autenticidad cultural? Es cierto que lo de la autenticidad es muy relativo. Menos autenticidad puede significar, para muchos, más bienestar. Pero en Record Shack, un referente para los amantes de la música africana, que ha contado entre sus clientes a Miles Davis y a Michael Jackson, Sikhulu Shange lo tiene claro: si los planes del Ayuntamiento se imponen, habrá menos bienestar. Como mínimo, para los negros. Y concluye: “Si este proceso sigue, la isla acabará siendo sólo para ricos y famosos”.
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