Del andamio a Cáritas
Casi medio centenar de españoles e inmigrantes afectados por la crisis económica acuden cada día a las oficinas de la entidad solidaria en Valencia en busca de empleo y ayuda
Las Provincias,
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13-04-2008
El reloj marca las nueve de la mañana. Varias personas se concentran a las puertas del número cinco de la plaza Cisneros de Valencia. Allí está la sede de Cáritas Diocesanas. En los últimos 15 días sus oficinas han registrado un aumento de afluencia de gente en busca de trabajo. Muchos son españoles. “Desde Pascua se ha notado el incremento de personas necesitadas que viene a las oficinas. Y no sólo son inmigrantes”, reconoce Enrique, bedel del centro.
La crisis económica y el incremento de despidos, sobre todo por la desaceleración en el sector de la construcción, ha propiciado un aumento de personas residentes en la Comunitat que acuden a Cáritas en busca de empleo. Son los nuevos pobres.
Es el caso de Francisco. Hace un mes nada le hacía presagiar que tendría que acudir a Cáritas para pedir ayuda. Hasta que le despidieron de la empresa en la que trabajaba como obrero. Ahora este valenciano necesita un trabajo urgente para poder mantener a su mujer y a su hija. “A principio de año comenzaron a llegar españoles con el agua al cuello dispuestos a trabajar de lo que sea para salir adelante”, explica María Ángeles, encargada de la Atención Primaria de Cáritas parroquial en Burjassot.
Hasta siete españoles acuden allí cada día para pedir ayuda por la crisis. “Antes no venían españoles con estas necesidades. Por eso el aumento es tan llamativo”, reconoció María Ángeles.
Pero no todos los que buscan empleo son personas que acaban de perderlo. También los hay que necesitan otro trabajo complementario porque con el sueldo que tienen no pueden cubrir los gastos. “Todo sube cada vez más. Los alimentos, el alquiler… El dinero ya no me da para tanto. Por eso quiero otro trabajo por horas o el fin de semana para llevar más dinero a casa”, asegura un valenciano que no llega a los 40 años.
También los mayores piden ayuda. “Hemos atendido a una señora de más de 60 años que tiene a su marido enfermo. Nunca ha tenido necesidad de trabajar pero ahora la pensión no le da para pagar el alquiler y sobrevivir. Por eso quiere cuidar ancianos o personas enfermas”, explica María Ángeles.
La crisis también ha hecho mella en los inmigrantes que viven en la Comunitat Valenciana. “Me despidieron hace una semana. Llevaba cuatro meses trabajando por horas en obra civil. Pero ahora que se ha acabado la faena nos han tirado a 30 de los 50 empleados”, apunta José, un ecuatoriano de 28 años.
Desde entonces no para de informarse y de moverse “para encontrar lo que sea que me permita mantener a mi mujer y a mi hija pequeñita”, asegura mientras repasa por enésima vez las ofertas de empleo colgadas en un panel a la entrada de las oficinas de Cáritas. “Cada vez está más difícil. Me basta con poder cuidar personas enfermas o mayores o limpiar casas”, asegura Erika, la mujer de José, que también está sin trabajo.
Pero no todos los que demandan empleo proceden del sector de la construcción. “Sólo tengo trabajo cuando llega el verano. Entonces limpio habitaciones en hoteles o trabajo en la cocina”, comenta Evelyn, sin empleo desde hace cinco meses.
El servicio de acogida de Cáritas en la plaza de Cisneros atiende cada día a 15 personas necesitadas. Y al menos otras 20 se quedan sin turno y tienen que volver otro día. En total, por allí pasan casi medio centenar de necesitados. así, desde Semana Santa – cuando comenzó a notarse el aumento de afluencia – más de 170 personas han pasado por las oficinas de la entidad religiosa.
Hasta hace un mes se quedaban sin ser atendidas por Cáritas una decena de personas al día. La cifra se ha doblado. “Ahora son más de 20 las que tienen que volver más adelante. Se nota que hay crisis y tanto españoles como extranjeros necesita más ayuda”, explica el bedel del centro.
Sin embargo, los principales servicios de Cáritas no consisten en conseguir empleos. Las dos trabajadoras sociales y los voluntarios de acogida se encargan de tomar el primer contacto con la persona necesitada. Estudian su caso y los derivan a servicios sociales si lo requieren. “Los inmigrantes se informan sobre cómo obtener sus papeles y aclaran sus dudas en temas jurídicos. Otros también se acercan a pedir empleo. Como los españoles que vienen”, explican fuentes de Cáritas Diocesana. Para ello, los solicitantes rellenan unas fichas y son informados de las ofertas que se ajustan a su perfil.
El aumento es tan reciente que todavía no hay cifras concretas. Los técnicos y voluntarios de Cáritas son conscientes de que el crecimiento de peticiones de trabajo experimentado desde marzo se notará también en más peticiones para recibir los cursos de formación que imparten. “Estamos preparados para recibir una avalancha de personas que acudan a las entrevistas para los cursos”.
Pero sólo hay 24 plazas para cada uno. Este año se ofertan 15. Los cursos son de empleo doméstico, de pintura mural y de reparación del hogar. “El objetivo es que salgan bien formados y para eso el número de alumnos no puede ser muy elevado. Al acabar se les hace un informe de cada uno. Muchos consiguen empleo al terminarlos”, explicó una técnico de Cáritas.
Ivan Buturuga tiene 52 años y hace dos que hizo el curso de pintor que oferta Cáritas. “Trabajé un tiempo pintando aunque soy soldador”, apunta este rumano.
La mayor afluencia de gente hace que Cáritas necesite más recursos. “Nos hacen falta más medios. Para los talleres de reparación del hogar solemos recibir donaciones de empresas que nos facilitan materiales defectuosos”, apuntaron.
blledo@lasprovincias.es
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