Nuestros seres racistas y sexistas

El Universo, Nicholas D. Kristof |, 11-04-2008

El inconsciente desempeña una participación política en este año, ya que la abrumadora evidencia dice que la mayoría de los estadounidenses alberga prejuicios inconscientes, tanto en contra de negros como de mujeres en puestos ejecutivos.

Para mi horror, resulta que soy racista.

La Universidad de Chicago ofrece una prueba psicológica en línea, en la cual es posible encontrar una serie de 100 hombres negros o blancos, sosteniendo armas o teléfonos celulares. Se supone que debes dispararle a los hombres armados y mantener enfundada tu arma con los otros.

Les disparé a los negros en 0.679 segundos, en promedio, al tiempo que esperé ligeramente más –0.694 segundos– para abrir fuego sobre los hombres blancos armados. Por el contrario, contuve mi arma con mayor rapidez cuando encontraba blancos sin armas que negros sin armas.

Tome la prueba por sí mismo y probablemente descubra que usted también muestra parcialidad. La mayoría de los blancos y muchos negros se apresuran más a dispararle a negros, sin consideración al grado de igualdad que ellos profesen tener.

Harvard tiene una batería similar de pruebas psicológicas en línea (tengo ligas o vínculos con todas ellas desde mi blog, nytimes.com/ontheground, y mi página Facebook, facebook.com/kristof). Estas “pruebas de actitud implícita” muestran muy astutamente que un porcentaje asombroso de las personas que honestamente creen que son igualitarias asocian, de manera inconsciente, el bien con el blanco y el mal con el negro.

El inconsciente desempeña una participación política en este año, ya que la abrumadora evidencia dice que la mayoría de los estadounidenses alberga prejuicios inconscientes, tanto en contra de negros como de mujeres en puestos ejecutivos.

A primera vista, pudiera parecer que Barack Obama enfrentaría un impedimento mayor que Hillary Clinton. Los experimentos han demostrado que el cerebro cataloga a la gente según la raza en menos de 100 milisegundos (una décima de segundo), aproximadamente 50 milisegundos antes de determinar el sexo. De manera similar, psicólogos evolutivos creen que estamos “conectados” para sospechar de las personas que no pertenecen a nuestro propio grupo, a fin de salvar a nuestros ancestros de saludar despreocupadamente a tribus enemigas de cavernarios. Por el contrario, no existe una hostilidad programada hacia las mujeres, aunque los varones a veces tienen un deseo programado de controlarlas y preñarlas.

Sin embargo, quizá también sea más fácil pasar por encima del racismo que del sexismo. Por ejemplo, en un experimento se descubrió que para las personas blancas, resultaba fácil admirar a médicos negros; mentalmente, lo único que hacían era etiquetarlos como “médicos”, en vez de “negros”. Al mismo tiempo, las personas blancas catalogan como “negros” a los médicos negros que les desagradan.

En otro experimento, los investigadores pusieron a negros y blancos con ropa deportiva, como si pertenecieran a dos equipos de básquetbol. La gente que miró las fotografías almacenó a los jugadores en su memoria más por su equipo que por su raza, recordando el color del yérsey de un jugador, pero no necesariamente su raza. Sin embargo, solo en contadas ocasiones la gente olvidó el sexo de un jugador.

“Nosotros podemos lograr que la categorización por raza desaparezca, pero nunca podríamos lograr que la categorización de géneros desapareciera”, dijo John Tooby, académico por la Universidad de California, en Santa Bárbara, quien dirigió este experimento. Luego de estudiar los desafíos que enfrentan candidatos negros y del sexo femenino para superar el prejuicio inconsciente, agregó: “Con base en la psicología y antropología subyacentes, pienso que es más difícil para una mujer, aunque no imposible”.

Alice Eagly, catedrática de psicología por la Universidad del Noroeste, coincide: “En general, el sexo supera a la raza. Quizá sea más fácil superar el aspecto racial”.

Para las mujeres que compiten en política o negocios, el desafío radica menos en la misoginia que en el sexismo inconsciente: los estadounidenses no odian a las mujeres, pero sí las estereotipan con frecuencia como seres cálidos y amistosos, lo cual crea una disparidad con el estereotipo que nosotros albergamos sobre los líderes, como duros y fuertes. Así que los electores (tanto mujeres como hombres, aunque un poco menos) pudieran sentir que una candidata no es la persona indicada para el puesto, debido a parcialidades o prejuicios de los que ni siquiera están conscientes.

“Yo no tengo que ser consciente de esto”, dijo Nilanjana Gasgupta, catedrático de psicología en la Universidad de Massachussets, en Armherst. “Todo lo que creo es que esta persona no es una buena combinación para un difícil trabajo de liderazgo”.

Las mujeres actualmente tienen 55% de los principales puestos en fundaciones estadounidenses, pero su representación sigue siendo muy baja entre dirigentes políticos y corporativos; y uno de los factores pudiera ser que se considera que esos son empleos con la exigencia de una dureza en particular. Nuestro inconsciente pudiera sentir una disparidad mayor cuando una mujer compite por la presidencia o la dirección ejecutiva que cuando ella se propone encabezar una fundación o una universidad.

Las mujeres enfrentan un desafío relacionado: Quienes son vistas como duras y fuertes son percibidas, al mismo tiempo, como frías y poco femeninas. Muchos experimentos han descubierto que las mujeres enfrentan dificultades para ser percibidas como personas agradables y competentes al mismo tiempo.

“Clinton corre el riesgo de ser vista como una mujer particularmente fría, particularmente despreocupada, porque no encaja en el molde”, destacó Joshua Correll, psicólogo de la Universidad de Chicago. “Probablemente es algo que un hombre no enfrenta”.

No obstante, los prejuicios no son inmutables. Sujetos que participaron en algunos estudios y a quienes les pidieron que pensaran en una mujer fuerte, terminaron mostrando, después, una parcialidad menos implícita con respecto a hombres y mujeres. Además, estudiantes que fueron expuestos a un gran número de profesores del sexo femenino también experimentaron una reducción en los estereotipos de los sexos.

Así que, quizá, el impacto de esta contienda presidencial no sea medido solamente en políticas nacionales, sino también en el progreso dentro de los rincones más profundos de nuestra propia mente.

© The New York Times News Service.

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