TRAGEDIA EN HUELVA / El dolor familiar

«No le deseo lo que yo he pasado»

El Mundo, VIRGINIA GONZALEZ, 27-03-2008

El padre de Mari Luz dice que sospechó del detenido desde el primer día El padre de Mari Luz, Juan José Cortés, trató ayer de dar ejemplo a las personas que se concentraron en la plaza de la Rosa de Huelva, al pedir «paciencia y que toda la rabia se contenga, porque al final se va a poner a todas las personas en su sitio». De hecho, hasta se mostró indulgente con el presunto asesino, al afirmar que no le desea «ni uno de los 54 días» que él ha pasado buscando a su hija.


Sólo pide para su pequeña, de etnia gitana, que desapareció el 13 de enero y cuyo cuerpo apareció flotando en la ría de Huelva el 7 de marzo, la «Justicia más justa», y que el detenido y presunto asesino de su hija, Santiago del Valle, no se ampare en la «locura», porque «será tonto, pero no está loco. Ha engañado a la Justicia en otras ocasiones, pero que no se esconda detrás de un papel ni de un estudio psicológico, porque fue capaz de ocultar la muerte de mi hija, de planear su huida de Huelva y de organizar su salida del país, así que si le disminuyen la pena por eso, es que algo no funciona».


Además, Juan José confirmó que la familia sospechó del detenido desde el primer momento, motivo por el cual, el mismo día de la desaparición, tanto él como su hermano, Diego Cortés, se personaron en la vivienda de Del Valle para «saber si tenía alguna implicación».


A este respecto, añadió que tiene el convencimiento de que «hay más personas implicadas» y acusó como «cómplices» a la esposa y a la hermana de Santiago del Valle, que convivían con el presunto asesino.


Juan José Cortés estuvo arropado por sus padres, sus hermanos y más familiares, así como numerosos vecinos, la mayoría también de etnia gitana, que tras la rueda de prensa protagonizaron un minuto de silencio en recuerdo de Mari Luz.


Si Juan José se mostró cauto y pidió «calma», no pasó así con sus vecinos, que desde primera hora de la mañana mostraron su indignación y sus deseos de venganza.


El ambiente se fue caldeando conforme pasaron las horas, y ya por la tarde, tras el minuto de silencio, algunos, la mayor parte mujeres, reclamaron venganza entre gritos de indignación: «¡Que lo maten, asesino!», «¡que no salga nunca!», «¡que lo traigan a la plazoleta!», «¡que lo den al pueblo!», «¡que no diga que está loco!» o «¡a la silla eléctrica!», fueron algunas de las afirmaciones de estos vecinos del populoso barrio onubense del Torrejón.

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