La otra orilla
Costumbres españolas
«Mi casa la construyó un negro, a mis hijos los atiende un médico cubano, en el súper me atiende una saharaui, mi casa la limpia Anais, de Bolivia...»
Canarias 7, , 14-02-2008Me despierto. Me rasco ahí abajo, me llevo el dedo a la nariz, marisqueo un rato. Me levanto entre flatulencias. Enciendo la tele sobre la que se yergue el toro y la flamenca. Me pongo el chándal y hago bici. Desayuno malamente y salgo. Llego al curro a las siete, otras veces a las ocho. El tráfico, los niños, un dolor de cabeza, cualquier excusa es buena. Nadie tiene valor para expedientarme, mientras los ciudadanos me pagan el sueldo. Cada media horita, salgo a la calle para el cigarrito y cotillear (mal) de cualquier compañero. El teléfono no para de sonar. Es Mary, mi cuñada, sobre lo malita que está su madre. Ahora Pepe, para comentar el último vídeo de Youtube y el power point de tetudas que me ha enviado. Ahora es Jose, para echar bilis sobre los latinos del piso de al lado. A las once, dejo cualquier cosa, especialmente si estoy de cara al público y me paga la Administración, y salgo. Tengo media hora para desayunar, pero invierto una. Cafecito, pulguita de serrano con tomate, zumo, cigarrito, tertulia, y, por supuesto, el súper. Todos los días hay algo que comprar. Tendría que salir a las tres, pero a las dos ya estoy en el coche. Como en casa, a veces fuera con los colegas. Veía el Tomate, ahora sólo Bea y flirteo con la telenovela de la Primera, que Aurora me dice que tanto le gusta. Los pocos obreros de los nuestros que aún quedan le dicen a mi hija adolescente que su culito no pase hambre, mientras sus colegas quedan cada fin de semana para ponerse ciegos de botellón, porros y coca. Los fines de semanas, paella, barbacoa, cervezas y fútbol.
Mi casa la construyó un negro, a mis hijos los atiende un médico cubano, en el súper me atiende una saharaui todo humanidad, mi casa la deja como los chorros del oro Anais, de Bolivia. No sabría vivir sin ella. En el restaurante me atiende el bonaerense Sergio y Omar, de Venezuela, me lleva en taxi.
Sinceramente no sé quién tendría que aprender de quién.
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