La Libertad, entre el muro y hampa
El Universal, , 05-02-2008estados@eluniversal.com.mxTIJUANA, BC. La barda metálica que Estados Unidos comenzó a levantar hace 13 años para delimitar su territorio, representa mucho más que una división entre dos países y la intención de cerrar el paso a indocumentados, terroristas y drogas.Para los residentes de la colonia Libertad, donde se hizo el primer levantamiento del muro, es una demostración de poder ya conocida, intensificada con el tiempo, y que en muchas ocasiones han enfrentado ellos solos ante la indiferencia de su propio gobierno.Las recientes agresiones de la Patrulla Fronteriza apenas son una expresión más de la hostilidad demostrada por el vecino del norte y que ha prevalecido desde el siglo pasado, cuando esta colonia fue fundada por las primeras comunidades mexicanas de Tijuana para defenderse de los abusos laborales de los patrones estadounidenses, dueños de todas las actividades productivas de esta región.Ocho ataques con gases lacrimógenos y balas de goma para responder a supuestas agresiones perpetradas por presuntos traficantes de personas, son motivo más que suficiente para que México recurra a las leyes internacionales, más allá de la carta diplomática que envió recientemente.El relator especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para los Derechos Humanos de los Migrantes, Jorge Bustamante Fernández, criticó la inacción del gobierno mexicano al advertir que las cartas diplomáticas sirven para lo mismo que la carabina de Ambrosio.Bustamante es investigador distinguido de El Colegio de la Frontera Norte (Colef), y escribió en un artículo que estos incidenes (los ataques de la Patrulla Fronteriza) tienen un potencial grave sobre las relaciones bilaterales que ambos lados deben reconocer como tal; sin embargo, no ha ocurrido así.Cuestionó que no se haya dicho nada de la asimetría que hay entre responder con balas de goma y gases lacrimógenos a piedras, ni a la violación del derecho internacional entre dos países que no están en guerra, en que incurre uno de los vecinos al hacerse justicia por propia mano.Una realidad propiaCientos de familias asentadas a lo largo de los 10 kilómetros que delimitan el norte de la colonia observan a diario una realidad muy diferente al resto de los tijuanenses. La mayoría se ha mantenido ahí durante muchos años y ha atestiguado los cambios históricos impuestos por EU.Pese a que es una de las más antiguas colonias de la ciudad, aún registra muchos rezagos y ni siquiera cuenta con pavimentación, así que durante las lluvias se vuelve intransitable y de difícil acceso, aunque no para los migrantes y sus guías.Acostumbrados a tener una realidad propia, los vecinos de la liber han asumido la responsabilidad de proveerse de alumbrado público o aprovechar la luz de los reflectores que los estadounidenses instalaron para vigilar su frontera sur.Observar a los grupos de migrantes que esperan para cruzar es cada vez menos cotidiano desde 1995, cuando se puso en marcha el Operativo Guardián y empujó los flujos migratorios al este de la frontera, pero sigue ocurriendo. Allá van otros. Ojalá no los agarren, es lo primero que se les viene a la mente cuando observan a lo lejos las siluetas de grupos cada vez más reducidos, explica Esther Arias, residente de esta colonia de desde hace más de 40 años.Junto con su familia ocupa la única vivienda de la colonia Libertad que da la espalda a Estados Unidos, y desde esa posición le ha tocado sufrir en dos ocasiones los efectos de los gases lacrimógenos. Como consecuencia, su nieto de apenas dos meses no se recupera de una tos persistente.Las necesidades y obligaciones de Esther y los suyos son iguales a las de cualquier familia mexicana, pero vivir en la frontera les representa elementos adicionales como ser víctimas eventuales de conflictos que no les competen, y la solidaridad con quienes van en busca de mejores condiciones de vida.La presencia de traficantes de personas y asaltantes de migrates, son un agregado a la situación de inseguridad que afecta al resto de la ciudad. Ocasionalmente policías y soldados realizan recorridos, tras las protestas diplomáticas de México por los recientes ataques.La Patrulla Fronteriza declaró recientemente la zona limítrofe con esa colonia como una zona de alto riesgo para sus agentes. Y colocó más cámaras de video de la más alta resolución y detectores de movimiento y calor humano para detener a quienes crucen sin permiso a su territorio.Wendi Lee, vocera de la corporación para el área de San Diego, California, argumentó que las agresiones contra sus oficiales cada vez son más frecuentes a manos de traficantes de personas. Les tiran piedras y hasta bombas molotov, ocasionando graves daños a algunos de los agentes fronterizos, aseguró.
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