"Se cometen abusos ilegales con la vivienda que no se denuncian por ser la única alternativa"

Diario de noticias de Gipuzkoa, j.napal, 13-12-2007

Donostia.Están encantados con usted.

He tenido la inmensa suerte de entrar a trabajar como mediadora en Cáritas y quizá para las familias gitanas comenzamos a ser la llave de lo que en Gipuzkoa hasta ahora no existía porque somos capaces de acercarnos a estas realidades desde un punto de vista diferente. No sólo estoy yo. Somos dos chicas y otro chaval.

¿Por qué ha dado este paso?

Me casé con 17 años y ahora, a mis 30, tengo ya tres hijos. El hecho de estudiar no lo valoré durante mi juventud. Una chavala paya con 16 años se dedica a estudiar mientras que una gitana a esa edad no piensa precisamente en hincar los codos porque no encuentra el apoyo necesario. Recuerdo que a una amiga de la infancia su abuela gallega le pagó los estudios. Fue un boom, pero yo no lo vivía así.

Pero ahora sí estudia.

Sí, estoy en primera fase del Graduado escolar en la EPA (Educación para Adultos) de Hernani.

Se dedica a encontrar salidas a ‘su gente’. ¿Cómo vive estar situada ahora al otro lado de la barrera? ¿Ha vivido algún conflicto cultural?

La verdad es que mis comienzos en este trabajo fueron un tanto difíciles. Recuerdo que cuando me inicié como mediadora me negaba a hablar con los hombres. ¿Qué pensarían si me veían hablar con ellos? Tenía mis propias referencias culturales y, por eso, al principio pasé mucho miedo al entrar en este otro mundo , aunque he encontrado muchísimo apoyo de Ángel, mi marido.

¿En qué situación se encuentran las personas a las que ayuda?

Lo único que puedo decir es que el ser humano aguanta muchísimo. Es sorprendente. Están a la intemperie, con frío, lluvia y barro y aún así siguen luchando sin perder la sonrisa, que es lo que vale.

¿Se hace negocio con la usura?

En el barrio donostiarra de Altza conocí a un propietario que se había hecho con un trastero del que derribó las paredes para ganar espacio. Serían unos 105 metros cuadrados en los que fue a vivir una conocida. Lo único que le pidió era que cuando entrara no hiciera demasiado ruido para que nadie se enterara. Le cobraban 600 euros y 300 en negro. El contrato era hecho a mano, con papel y boli, como si lo hago yo ahora mismo. Era una especie de piso patera, con muchas camas y compartimentos.

Pero las familias gitanas que requieren de ayudas necesitarán acreditar dónde residen.

Ahí está el problema, que no pueden acceder a esas ayudas mediante un contrato en negro del que por otra parte se está favoreciendo mucha gente. Estamos viendo cómo se cometen cantidad de abusos ilegales con la vivienda, pero sin embargo los afectados no pueden denunciar absolutamente nada porque es la única alternativa que encuentran. De otra forma, estarían en la calle. Si denuncias, ¿qué ocurre al día siguiente?

¿Usted se ha encontrado en alguna ocasión con problemas para acceder a una vivienda de alquiler?

Por suerte, no. Creo que se debe a mis rasgos. Además soy de Baiona, hablo francés, y creo que eso me ha permitido que las agencias me vean más como extranjera que como gitana.

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