WESAM ZUMOT x COPROPIETARIO RECIENTE DEL RESTAURANTE ALBARAKAH
"Mi sueño desde pequeño era tener cocina propia"
La Vanguardia, , 29-11-2007Un 15% de los inmigrantes afincados en Catalunya creó en el 2006 una empresa, frente al 8,6% local
El Albarakah ha cambiado de manos, pero no de cocineros. Y sus platos siguen siendo ese suculento recorrido por la gastronomía de Oriente Medio, donde se incluye Grecia como elemento singular y distintivo. Wesam Zumot vio la posibilidad de quedarse con el negocio a finales del año pasado y no perdió la oportunidad de cumplir su sueño. Su caso es uno de esos curiosos en los que los empleados se unen para quedarse con el negocio en el momento en el que el propietario anuncia un traspaso por prejubilación. “Yo había trabajado aquí en la cocina desde el año 2000 y me dio mucha pena que se perdiera”. Y se lió la manta a la cabeza con su mujer, su hermano y el camarero de casi toda la vida y han creado una sociedad.
Wesam y Ala, su hermano, son jordanos y el alma máter de la cocina. Desde los 15 años – y ahora doblan la edad- se metieron en el mundo de la cocina de la mano de la pastelería en su país natal. Y muy a pesar de sus padres. “Ellos querían que fuéramos médicos o abogados, supongo que como todos los padres, y cuando les dijimos que queríamos ingresar en la escuela de hostelería se opusieron”, cuentan. Pero al final la pasión se impuso y ambos hermanos hicieron de su sueño una realidad.
Wesam fue el primero en llegar a Barcelona. Venía a ampliar sus estudios, “pero todo lo que había era privado y era muy caro”. Así que convirtió las cocinas de la ciudad en su particular escuela. “Trabajé en muchos restaurantes de distintas variedades pero no durante mucho tiempo, porque lo que yo quería era aprender todo lo que pudiera de las distintas maneras de cocinar”. Y así llegó hasta el Albarakah, el primer restaurante árabe griego que tuvo Barcelona. “El propietario era un vecino de mi tía – afincada en Corbera de Llobregat- y me propuso ir a trabajar con él. Después de años trabajando para él, no me arrepiento de haberme quedado con el restaurante. De hecho, mi sueño de pequeño era tener una cocina propia”, confiesa.
Este joven jordano de 32 años cuenta con el inestimable apoyo de su hermano Ala, quien después de estudiar hostelería en Iraq recaló en Barcelona. Aquí, y desde hace unos tres años, da clases de cocina árabe en la escuela de gastronomía Palop de la ciudad. Nawar, su mujer, y Hagop, un experimentado camarero de origen sirio, forman un compacto grupo familiar donde “nadie es jefe de nadie. Aquí todos trabajamos por igual y hacemos de todo porque este es un negocio familiar que necesita de la ayuda de todo el mundo para poder salir adelante”.
árabe en la escuela de gastronomía Palop de la ciudad. Nawar, su mujer, y Hagop, un experimentado camarero de origen sirio, forman un compacto grupo familiar donde “nadie es jefe de nadie. Aquí todos trabajamos por igual y hacemos de todo porque este es un negocio familiar que necesita de la ayuda de todo el mundo para poder salir adelante”.
Wesam y todo el equipo del Albarakah forma parte del contingente de inmigrantes emprendedores que ha conseguido hacerse un hueco en la ciudad. A través del Departament de Treball de la Generalitat, hizo un plan de empresa que le facilitó posteriormente pedir los créditos necesarios. “Era un negocio seguro”, analiza Wesam.
“Los inmigrantes tienen más espíritu de lucha”, decía recientemente la consellera de Treball, Mar Serna, al presentar los datos del índice de la actividad emprendedora correspondientes al 2006. Unos datos que revelan que el 5,7% de las 75.000 de nuevas empresas creadas el año pasado en Catalunya pertenecen a inmigrantes; es decir, unas 4.250, según las cifras de Treball. El índice también revela que del total de inmigrantes casi el 15% ha creado una empresa, mientras que entre la población local este porcentaje es de casi la mitad (8,6%). Y el Albararakah está entre los primeros. / A. J.
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