«Nos engañaron, y el viernes la tomaremos con el de la pala, que es el que destruirá nuestros hogares»

La Voz de Galicia, , 22-11-2007

Las noticias que llegaron a primera hora de la tarde de ayer a O Vao cayeron como un jarro de agua fría. Las lluvias torrenciales eran un presagio. Confirmaban que mañana se procederá al derribo de algunas de las chabolas, infraviviendas que sirven de techo para al menos 54 personas. Las intenciones del Concello ratifican lo que pensaba más de uno de los gitanos, que al Ayuntamiento lo único que le interesa es la demolición de las casas, independientemente del bienestar de los perjudicados.

«Nos engañaron», sostiene uno de los habitantes habituales del poblado. «El viernes la tomaremos con el de la pala, que es el que destruirá nuestros hogares, aunque no tiene la culpa», añade, mientras cinco niños juegan encima de una alfombra enrollada localizada en el suelo de una de las chabolas. «A una familia le prometieron una vivienda hace años y aún viven en una situación peor que en el Tercer Mundo», explica Gaspar Salazar.

Critican el racismo existente en contra del pueblo gitano, y la fama de ser un lugar donde se vende mucha droga. «Si tenemos droga, ¿por qué no detienen a la gente que supuestamente la trae, a los capos?», señala una de las mujeres del poblado a la puerta de su casa.

Lo cierto es que están muy preocupados por su futuro. Magdalena lleva más de 40 años en O Vao, y solo pide que los dejen tranquilos. «Ya que me destruyen mi casa que me entreguen otra», dice en presencia de sus familiares, que incluye una anciana de más de 90 años. «¿Qué hacemos con ella, y con los niños?», se pregunta, para mantener una breve conversación en romaní, lengua indoeuropea original de la zona de India y Pakistán, con uno de sus hijos.

Magdalena no es la única que piensa en los más pequeños. «Una cosa es lo que le suceda a los adultos, y otra lo que le pueda suceder a los críos», destaca un joven gitano. Si no logra evitar que las máquinas le derriben su chabola afirma que trasladará todas sus pertenencias a una explanada aledaña a su hogar. «Nos encerraremos con llave en nuestra casa», insiste Magdalena. Las notificaciones de demolición advierten de que «está autorizada a entrada á casa aínda no caso de oposición».

Ante el peor escenario posible, si se procede a los derribos, varias de las familias ya han instalado un toldo de plástico en las cercanías de sus chabolas.

Hoy está previsto que el Consello de la Xunta autorice una partida de unos 700.000 euros para facilitar los realojos. «Nos quieren quitar del medio para quedarse con el dinero, ya que no tenemos casa comprada y nos desalojan», matizan los afectados.

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