Obituario / IAN SMITH
El granjero racista del Imperio Británico
El Mundo, , 21-11-2007Declaró la independencia de Rodesia, hoy Zimbabue, y presidió un régimen de ’apartheid’durante 14 años Zimbabue ha tenido sólo dos rostros en las últimas cuatro décadas. El primero es el de Robert Mugabe, atado a la poltrona desde hace 27 años. El segundo, el de Ian Smith, el granjero blanco que declaró la independencia del Reino Unido en 1965 y presidió el régimen racista que rigió la colonia durante 14 años.
Entre 1964 y 1979, Ian Smith desató la ira de la comunidad internacional, puso en jaque a cuatro primeros ministros británicos y propició con sus actos la llegada al poder de Robert Mugabe.
Smith falleció ayer en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), donde vivía con su hija desde hace unos años. Había nacido en 1919, hijo de un carnicero escocés que había emigrado a Africa en busca de la tierra prometida. En cierto modo la encontró en la pequeña villa de Selukwe, donde puso en pie su propio rancho y crió a Ian y a sus dos hermanas.
El estallido de la Segunda Guerra Mundial partió en dos su adolescencia y le puso a los mandos de un Spitfire de la RAF, pilotando en misiones de alto riesgo. Su avión fue derribado en dos ocasiones. La primera vez fue en el desierto y el impacto le desfiguró la cara. Las heridas le obligaron a someterse a una enrevesada operación de cirugía estética en El Cairo que sin embargo no impidió que una parte de su rostro permaneciera para siempre inmóvil.
El segundo derribo se produjo en las montañas del norte de Italia. El avión del intrépido Smith fue alcanzado por los alemanes, pero él tuvo tiempo para dejarse caer en paracaídas en la retaguardia nazi y unirse primero a los partisanos y más tarde a las columnas de la Resistencia francesa.
Demasiado pronto se le agotó el catálogo de heroicidades a Ian Smith, que regresó de Europa acabada la guerra para completar sus estudios y velar sus primeras armas en la política. Primero, en posiciones muy moderadas; luego, impulsando el llamado Frente Rodesiano, un conglomerado de partidos que propugnaban la independencia de la colonia de la metrópoli en un régimen de apartheid muy similar al de la vecina Sudáfrica.
Soplaban en todo el mundo los vientos de la descolonización y el Imperio Británico iba descomponiéndose a velocidad de vértigo. Los colonos blancos de lo que entonces se conocía como Rodesia del Sur – hoy Zimbabue – querían romper amarras con Londres manteniendo a los negros fuera del juego político. Era una situación inaceptable para el Reino Unido y no sólo por principios, sino por estrategia: aceptar una Rodesia racista independiente habría dinamitado los cimientos de la Commonwealth y desatado una reacción de repulsa alrededor del mundo.
Así las cosas, Ian Smith llegó al poder en 1964 con la promesa de convertir a Rodesia del Sur en un país independiente. Le tocó lidiar con el morlaco al primer ministro laborista Harold Wilson, cuya actuación balbuceante azuzó las ínfulas de Smith y contribuyó sin duda a enquistar el problema. Wilson recibió al líder rodesiano en Downing Street y llegó incluso a visitar el país. Fue uno de los viajes más lamentables de la historia de la diplomacia británica, con Wilson visitando en prisión a los presos políticos negros y mostrando una posición de debilidad que Smith enseguida utilizó en su provecho.
Sobre Rodesia pesaba todavía la amenaza de una posible intervención militar del Reino Unido, pero el primer ministro la descartó en una declaración pública. Desde luego, Wilson tenía ya suficientes problemas en casa y el recuerdo de la crisis de Suez estaba muy reciente, pero lo cierto es que sus palabras sólo sirvieron para envalentonar a Smith, que desde entonces supo que le había tomado la medida al primer ministro.
Al año siguiente, lanzó lo que se conoció como la «declaración unilateral de independencia», un documento que rompía definitivamente los lazos con la metrópoli y convertía a Rodesia en una réplica del apartheid sudafricano. El movimiento destapó la caja de los truenos en el Reino Unido, que logró que la ONU no reconociera al nuevo régimen. Convertido en un paria en la esfera internacional, el Gobierno de Smith fue sometido a un bloqueo económico. En realidad, el embargo tenía más agujeros que un queso gruyère: Sudáfrica comercializaba los productos agrícolas de Rodesia, Mozambique le vendía el petróleo y las multinacionales metían y sacaban dinero del país como si las sanciones no existieran.
Mientras, Harold Wilson empeoraba aún más si cabe su papel en la crisis, organizando encuentros con Smith en dos barcos de guerra británicos y proponiéndole condiciones cada vez más ventajosas para volver al redil de la cordura. El orgulloso Smith no pasaba por el aro y agravaba la situación con declaraciones abiertamente racistas como esta: «No creo que la mayoría negra vaya a gobernar nunca en Rodesia. Ni ahora ni en los próximos 1.000 años».
Se equivocaba. El viento cambió de rumbo en 1972, cuando empezaron a generalizarse los asaltos a las granjas y una forma de guerra de guerrillas que atrajo la atención del mundo sobre lo que estaba ocurriendo en Rodesia. De todas formas, todo habría seguido igual de no ser porque Sudáfrica abandonó a su suerte a Ian Smith, harta de correr con los gastos de una guerra soterrada que le costaba 500.000 libras al día.
El desenlace de la historia se escribió en 1979, con los acuerdos de Lancaster House, que abrían paso al final del dominio blanco en la ex colonia y rebautizaban el nuevo estado como Zimbabue. Smith continuó hasta 1987 en el Parlamento, aprovechando la cuota obligatoria – y temporal – de parlamentarios blancos que establecían los acuerdos. Luego se retiró a su granja, donde recibía el asalto ocasional de militantes del partido de Mugabe.
Ian Smith, ex primer ministro de Rodesia del Sur (hoy Zimbabue), nació en Selukwe el 8 de abril de 1919 y falleció ayer en Ciudad del Cabo (Sudáfrica).
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