Inmigrantes, expertos en paciencia

Diario de noticias de Gipuzkoa, por OSCAR ARENAS, 18-11-2007

eMEKA tiene cuarenta años y hace cinco llegó desde Nigeria a Bilbao, donde reside desde entonces. Tiene “papeles” y un trabajo, al que acude puntualmente todos los días a las 7 de la mañana. Ladrillo a ladrillo, va construyéndose un futuro mejor para él y su familia que el que imaginó cuando se estableció en Euskadi.

La parte más importante de ese futuro pasaba precisamente por poder traer a su mujer y a su hija, que no tuvieron más remedio que permanecer en Nigeria. Así que Emeka, con su carácter tranquilo y laborioso, ha ido recorriendo todo el camino que la Administración le ha ido señalando: renovó sus autorizaciones de trabajo y residencia cuando le tocaba, esperó el tiempo que fija la ley, se informó sobre los trámites a realizar para solicitar la reagrupación familiar y finalmente presentó la solicitud preceptiva. Todo esto fue en agosto de 2006.

Tres meses después la Subdelegación de Gobierno le concedía la ansiada autorización para reagrupar a su familia. Así que continuó recorriendo el procedimiento establecido y envió las respectivas autorizaciones a Nigeria. Allí, Onyinyechi, su mujer, con no menos laboriosidad que Emeka, se dispuso a cumplir con los trámites ante el consulado español para solicitar el correspondiente visado. Pagó religiosamente las tasas y acudió a su cita en enero de 2007.

Y desde esa fecha, el consulado español continúa estudiando el caso, aclarando la identidad de Onyinyechi y su hija Faith, comprobando la exactitud del acta de matrimonio… Por triste que parezca, un año y tres meses después de empezar con el procedimiento para la reagrupación, un año después de obtener la autorización de la subdelegación y casi once meses después de la primera cita en el consulado español en Nigeria, Emeka y Onyinyechi continúan esperando, continúan separados, pudiendo solamente imaginar aún ese futuro que perseguían.

Hace un par de semanas Emeka, agotado y ansioso, llamó por enésima vez al consulado español en Nigeria. El funcionario que le atendió, que no deja de ser la personificación sin rostro de la Administración pública, le aconsejó “tener un poco de paciencia”.

A Emeka, como a quien escribe estas líneas, le gustaría sentarse en una mesa con ese funcionario, o con el embajador, cónsul o ministro de turno. Le gustaría coger un par de esos calendarios de pared (2006 y 2007) y tranquilamente, en silencio, sin comentarios, sin reproches, sin acritud, pasar una a una las quince páginas de cada mes delante de esa persona. Y hacer una sola pregunta: “¿paciencia?”. En la misma situación, ¿tendría paciencia esa persona? ¿Y el cónsul? ¿Y el ministro de turno?

La reagrupación familiar no es sólo un mero trámite administrativo formal sin más. Es un derecho vital para las personas, para la integración, para la construcción de ese futuro mejor. Y, por desgracia, el caso de Emeka no es el único. En los últimos tiempos en CITE-CCOO nos hemos encontrado con demasiadas trabas para el ejercicio de este derecho.

Desde la indefinición de las percepciones económicas a acreditar para solicitar la reagrupación, hasta el retraso, injustificadas excusas y el exceso de discrecionalidad de los consulados a la hora de conceder visados. Y, en este último caso, con el agravante de que el interesado ya tiene la autorización de la subdelegación de gobierno correspondiente. Y eso pasa con el consulado español en Nigeria, Senegal, Ecuador, Bolivia… Vericuetos técnicos o trampas mal disimuladas cuando la voluntad de fondo no es otra que cerrarlas en el camino de la reagrupación familiar.

En Quito, por ejemplo, la cita para el consulado no la pone el propio consulado, sino el banco en el que se deben abonar las tasas correspondientes con carácter previo a la gestión consular. Da igual que luego te den con la puerta en las narices. Y la cita no se establece para el día siguiente, sino para cuatro o cinco meses después.

Y son meses, o años, como en el caso de Emeka, de la vida de personas que tenían un proyecto migratorio, cuyas aspiraciones se ven cortadas en seco. Cualquier persona con interés en este campo sabe que la integración es un esfuerzo en los dos sentidos, que no sólo le corresponde a uno. Y la reagrupación familiar es un elemento clave para la integración efectiva, no el “esfuerzo de paciencia” en el que la están convirtiendo.

Recientemente el PSOE presentaba el think tank constituido por expertos internacionales, premios Nobel incluidos, que van a participar en el desarrollo del futuro programa electoral. Quizá deberían contactar con Emeka, que también es un experto internacional. Experto en paciencia.

  • CITE-CCOO Euskadi
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