LA TRASTIENDA
Pescando en el fango
El Mundo, , 17-11-2007Este fin de semana Madrid va a convertirse en escenario de diversas concentraciones ultras que amenazan con derivar en enfrentamientos abiertos entre extremistas de uno y otro signo. El Gobierno lo sabe, pese a lo cual no las ha prohibido. ¿Por qué? ¿Por el extraordinario talante de nuestro presidente, incapaz de poner obstáculos a la libertad de expresión, aunque se expresen ideas y actitudes inaceptables? ¿Por miedo a que los tribunales revoquen tal decisión? ¿O acaso porque hay quien espera pescar votos en el fango de los posibles disturbios? La tercera posibilidad es la que me parece más probable.
El PSOE necesita imperiosamente movilizar a ese millón de electores que le dieron la victoria en el 2004, y se está quedando sin tiempo para conseguirlo. En Cataluña, auténtica cantera de sufragios para la causa del puño y la rosa, las encuestas arrojan pronósticos más que inquietantes. Los atascos motivados por el parón de los trenes de Cercanías, el desastre del AVE, los apagones del verano y el Carmel, por no mencionar el escándalo del Estatuto en el Constitucional, son muestras de una gestión desastrosa, que volverá a mantener a los votantes en sus casas, castigando con especial saña a los correligionarios de Montilla. Andalucía parece más segura, pero no compensa la fortaleza del PP en sus bastiones de Valencia y Madrid. Lo de la «paz» fue un espejismo que bien pudiera acabar en tragedia antes de la llamada a las urnas. La sentencia del 11 – M ha dejado demasiados agujeros negros como para que el ideólogo Blanco la exhiba a modo de trofeo triunfal. Y, por si fuera poco, aunque Solbes y ZP no se quitan de la boca eso de que «España crece», lo que más ha crecido son las hipotecas y los precios de la cesta de la compra, que ahogan a multitud de familias. Las luces rojas se han encendido. Hay que activar los mecanismos de emergencia.
Se suponía que era Aznar, con su política intransigente, quien alimentaba la crispación de esta sociedad, pero mire usted por dónde nunca se vio más crispación que ahora. Y todavía les parece poca. Lo suyo es el 34, el 35, el 36; ese clima ejemplarmente democrático que, de acuerdo con su memoria histórica, constituye el paradigma de la legitimidad. Como no existe esa «ultraderecha golpista» que se empeñan en agitar a modo de espantajo, sino como residuo, buscan desesperadamente el modo de que aparezca. Provocan. Agitan. Crean las circunstancias más propicias para la aparición del dóberman cuyo ladrido despertaría a esos votantes dormidos que tanta falta les hacen. Es lo que se llama una actuación responsable. Esperemos que nadie pique…
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