Unos 8.000 ultras forman los cuatro grupos neonazis activos en España
ABC, 15-11-2007CRUZ MORCILLO
MADRID. Adiós a las cabezas rapadas, las cazadoras bómber, las botas «martins» y toda la indumentaria que hacía visibles a los neonazis. Ahora sólo vuelven a «vestirse de» en ocasiones muy concretas, actos propios y sin publicidad y conciertos, uno de los principales aglutinantes. Desde hace más de tres años van de «casual», como cualquier ciudadano normal, sin ninguna etiqueta externa que sirva para identificarlos. «Quieren pasar inadvertidos para el resto, en general, pero sobre todo para nosotros porque se exponen a que cualquier patrulla les busque las vueltas», aclara un agente de Información. No es fácil saber cuántos son y cómo se lo montan, pero el control que se ejerce desde las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad permite radiografiarlos con más o menos certeza. En España hay entre 7.000 y 8.000 «skin», según los datos más prudentes, divididos en cuatro grupos, alguno de nuevo cuño formado tras los golpes policiales asestados en los últimos años.
Han adoptado como territorios de mayor éxito Cataluña y la Comunidad Valenciana, y por detrás Madrid y Andalucía – con Sevilla a la cabeza – , si bien en unos puntos predominan unos grupos sobre otros. En 2004 y 2005 se produjeron las dos grandes operaciones contra la extrema derecha: los «Hammer Skin», primero, y los «Blood&Honour» (Sangre y Honor) después. La Comandancia de Madrid de la Guardia Civil desarboló la rama española de esta peligrosa banda con la detención de 21 personas, incluido todo el núcleo duro, que actuaban en varias provincias y se financiaba con la venta de armas prohibidas.
«Vollksfront», el relevo
El relevo de los Hammer ha llegado de la mano de los «Volksfront» (Frente Nacional), originario de Estados Unidos. Los rescoldos del nazismo más recalcitrante se han aglutinado en esta corriente, con gran implantación en la Comunidad Valenciana y vinculaciones nunca probadas al partido ultraderechista España 2000 (ahora Plataforma 2000), racista, xenófobo, antihomosexuales y defensor de la patria al estilo excluyente. «Tanto este partido como Alianza Nacional – heredero de AUN, creado por Ricardo Sáenz de Ynestrillas – utilizan a los grupúsculos skin para fines propagandísticos y para reclutar gente», señalan fuentes policiales. El resto de partidos autodenominados patriotas o de extrema derecha procuran distanciarse de ellos, al menos públicamente, tal y como reiteran en casi todas sus web.
Los «Sangre y Honor», que quedaron desamparados tras el zarpazo policial – a algunos se les acusó de apología del genocidio, tenencia y tráfico de armas, asociación ilícita y delitos contra los derechos y libertades fundamentales – también han buscado un paraguas del que colgarse. Este es el origen del más reciente de los grupos: «Combat España», con un buen número de simpatizantes en poco tiempo y con presencia «controlada» en Madrid, entre otros lugares.
Ya existían pero siguen atrayendo a jóvenes los grupos «Nación y Revolución» y el MSR (Movimiento Social Revolucionario), ambos con adeptos sobre todo en Cataluña, pero también en Madrid. Estas cuatro etiquetas monopolizan todo el movimiento skin, que, como aseguran los investigadores, está formado por «pocos (los verdaderamente peligrosos son muchos menos) y mal avenidos», dos características que comparten con los partidos políticos del espectro. En Cataluña, la cifra de «simpatizantes» activos o «fieles» ronda las 2.000 personas, según cálculos de los Mossos d´Esquadra, mientras que en Madrid el abanico fluctúa entre los 1.500 y los 2.000. De ellos, según Policía y Guardia Civil, están sometidos a especial seguimiento entre 200 y 300 en cada comunidad. Son los que tienen ascendencia sobre los grupos, los que se ocupan de la organización y en su caso dan las órdenes si hay que pasar al «territorio de la acción».
Las acciones criminales de los «cabezas rapadas» suelen copar los ecos de estos grupos, dado que las encabezan las lesiones y otro tipo de agresiones personales y que las víctimas suelen ser los colectivos más vulnerables – extranjeros, homosexuales, indigentes o sus enemigos ideológicos – . Movimiento contra la Intolerancia denuncia que cada año se producen unas 4.000 agresiones de odio o racistas en nuestro país, pese a que muy pocas acaban por denunciarse y conocerse.
No obstante, los expertos en combatir este tipo de violencia recalcan que el movimiento de la extrema izquierda es mucho más numeroso, está peor controlado y muy fragmentado. El número de delitos que cometen también es sensiblemente superior, pero menudean los que son contra personas, de ahí que se les reste importancia.
Más del doble
Actúan bajo el paraguas de «red skin» y «sharp» (aglutina a antisistema, okupas, ecologistas y nacionalistas radicales, anarquistas y un largo etcétera) y habría al menos el doble de seguidores que neonazis, también aplicando cálculos benévolos. Sin embargo, son especialistas en acabar con todo lo que les disgusta o se interpone en su camino. Cada vez que se manifiestan o se produce un desalojo, acaban en batalla campal, con el mobiliario urbano listo para el vertedero. Curiosamente, los seguidores de la extrema izquierda han sido menos cautelosos a la hora de cambiar su estética y aún es fácil identificarlos, quizá por la menor presión policial.
Pero no hay que llamarse a engaño: uno y otro movimiento se caracterizan por una intensa ideologización carente de argumentos y formación; es decir, aparte del «padrenuestro» ultra de cada uno, poco más sabrían recitar de su doctrina. En la extrema derecha, el componente hitleriano aún sigue teniendo mucho peso, pero cada vez se les incautan menos libros y «peores». Un mando policial lo resume a la perfección: «Han ganado el terreno los descerebrados y la formación ha quedado arrinconada. Soy skin y punto».
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