Un político musulmán se perfila como árbitro en las elecciones danesas

Los escaños que logre hoy Naser Jader serán decisivos para apuntalar al Gobierno

La Vanguardia, , 13-11-2007

ISIDRE AMBRÓS – Copenhague Enviado especial
Quién les iba a decir a los cinco millones y medio de daneses que un año y medio después de la crisis de las caricaturas de Mahoma, que enfrentó a todo el mundo musulmán con Dinamarca, acudirían hoy a las urnas para decidir si le dan los votos suficientes a un político danés de origen sirio y musulmán para que se convierta en el principal garante del Gobierno de su país.

Este es el papel que otorgan todos los sondeos a Naser Jader, un ex diputado del Partido Radical Liberal que hace unos meses creó su propio partido, Nueva Alianza.

Este político, de padre palestino, nacido en Damasco en 1963 y que llegó a Dinamarca con once años, es lo que se podría definir como el buen musulmán que todo danés querría tener como conciudadano. Ejerce de musulmán moderado integrado en la sociedad danesa y jugó un papel decisivo en apaciguar los caldeados ánimos durante la crisis originadas al publicar el diario Jyllands Posten varios dibujos sobre Mahoma.

Tras este episodio, Jader decidió aprovechar ese tirón popular y crear Nueva Alianza, que con un programa centrista gira en torno a su figura. Ahora, todos los sondeos dan por hecho que formará grupo parlamentario propio con entre 5 y 9 escaños. Una cifra que le permitiría lograr su objetivo de convertirse en imprescindible para asegurar la estabilidad política en Dinamarca y desplazar al ultraderechista Partido Popular Danés (PPD), que sin estar en el Gobierno influye decisivamente en la línea del Ejecutivo. Prueba de ello es la dura política que rige en el reino danés en inmigración y asilo.

Y parece que sus deseos se van a convertir en realidad. Los cinco sondeos publicados la víspera de las elecciones apuntan a que la actual coalición del liberal Anders Fogh Rasmussen, integrada por liberales y conservadores y con el apoyo parlamentario del PPD, obtendría entre 83 y 89 escaños. Cifra inferior a los 90 necesarios para controlar el Parlamento.

Por su parte, la coalición de centro-izquierda, liderada por el Partido Socialdemócrata, lograría sumar entre 80 y 87 diputados, con lo que también se quedaría a las puertas de una posible mayoría.

Como no podía ser de otra forma, Nueva Alianza ha acaparado toda la atención de una campaña electoral anodina. Su líder, Jader, que defiende unos postulados centristas capaces de encajar con cualquiera de los programas de los dos grandes partidos, ha recibido flores y puyas. tanto de Rasmussen, como de la nueva líder socialdemócrata, Helle Thorning-Schmidt.

Y es que ambos líderes, además de querer seducir a Jader, han evitado adentrarse en los temas más controvertidos. Apenas han hablado de política exterior (Iraq), del referéndum sobre el nuevo tratado de la UE o de inmigración. Sólo han discutido sobre política de asilo e impuestos.

Pero Jader mostró sus cartas el domingo. En el último debate televisivo dijo que apoyaría a Rasmussen como primer ministro. Una afirmación que sorprendió porque hasta este momento sólo había dicho que no quería entrar en el Gobierno, ni tener cargo ministerial.

La reacción de Rasmussen no se hizo esperar. Ayer asumió ante la prensa extranjera que necesitará los votos de Nueva Alianza para gobernar. Una tarea ardua, ya que deberá conciliar las profundas diferencias que separan a Jader del PPD en inmigración y fiscalidad.

Además, no hay que olvidar que Rasmussen adelantó las elecciones un año para aprovechar que Thorning-Schmidt aún no se ha consolidado al frente de los socialdemócratas y lograr así que las urnas le refrenden para un tercer mandato, que le permita sacar adelante una ambiciosa reforma del sector público, un plan de empleo y otro de política energética.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)