La cifra de menores extranjeros acogidos en Gipuzkoa se ha duplicado en menos de cinco años

Llegan cada vez más, en edades más jóvenes y muchos proceden de la zona de Tánger La mayoría sale adelante y «aprovecha las oportunidades» para formarse y buscar trabajo

Diario Vasco, JUANMA VELASCO, 12-11-2007

SAN SEBASTIÁN. DV. Escapan de la pobreza que hay en su país. Dejan atrás a sus familias y llegan a la península, donde a menudo son noticia en la prensa y no precisamente por logros positivos. Altercados en el centro de acogida de Tolosa, detenciones por algún hurto o agresión, vecinos que se quejan… Todo esto representa una pequeña parte del día a día de los menores inmigrantes acogidos en Gipuzkoa. Pero existe otra realidad que, por rutinaria, a menudo pasa desapercibida. De hecho, los protagonistas de esos sucesos que dan «mala imagen» al resto son una «minoría». El 90% de los menores inmigrantes «aprovecha las oportunidades» y «responde a la perfección» a los programas de acogida. No en vano, su objetivo es «encontrar un trabajo» y «enviar dinero a su familia en cuanto puedan». Una tarea nada fácil. Antes deberán lograr la mayoría de edad, tener los papeles en regla, aprender un nuevo idioma y hacer frente al «rechazo social del que son objeto». Todo eso a una edad adolescente en la que sus iguales autóctonos tienen prioridades bien diferentes.

A Gipuzkoa vienen «cada vez más y en edades más tempranas». La Diputación, que tiene la tutela y responsabilidad de atender a estos menores, ha duplicado en los últimos cinco años el número de acogidos en pisos y residencias. Si en 2003 se atendió a 114 menores, en lo que va de 2007 la cifra llega a los 219. «Y se espera que lleguen más», aseguran desde el Departamento de Política Social. En lo que respecta a la edad, en la actualidad la media es de 15 años, aunque también se ha acogido a niños de doce años. Además, si antes apenas el 12% llegaba a Gipuzkoa para quedarse, ahora el 50% lo hace con esa intención.

Desde el ente foral asumen la escasez de recursos que hasta ahora se han desplegado para atender una llegada de menores extranjeros mayor de la esperada. De hecho, esta carencia, entre otros factores, ha podido influir en los altercados vividos en el centro de acogida de urgencia de Tolosa y en las críticas que ha recibido su gestión. Para paliar esta escasez, en los próximos meses está previsto añadir nueve centros más a la red de acogida foral.

Antes de ser tutelados, a estos menores les espera un largo periplo migratorio desde África. «Provienen de familias que están sufriendo los problemas tradicionales de pobreza», asegura Peio Aierbe, de SOS Racismo. Se da la circunstancia de que la mayoría que llega a Gipuzkoa procede de los alrededores de la ciudad marroquí de Tánger. «Pasan a la península en los bajos de los camiones. Antes de llegar a Gipuzkoa, una parte de ellos hace un recorrido previo por Andalucía, Barcelona, Madrid…», dice Aierbe, cuyo colectivo tiene un estrecho contacto con los menores.

Según su experiencia, «la mayoría de estos chavales viene con la idea de trabajar y empezar a mandar dinero a la familia en cuanto puedan. De hecho, en muchos casos la familia piensa en ellos como un recurso más de cara al futuro». Pero aquí se encuentran con una realidad muy diferente a la de su país. «En muchos casos no son conscientes de que no van a poder trabajar hasta que no cumplan los 18 años», añade. A este problema hay que sumar la consecución de los permisos de residencia y trabajo, «cuyo trámite a veces se alarga de forma innecesaria», lo que, en opinión de Aierbe, genera «intranquilidad y frustración en los chavales».

Ocupar el tiempo libre

En todos estos menores existe una «motivación importante» en aprender oficios y castellano. «Según los profesores de centros de iniciación profesional, se trata de alumnos con un alto nivel de rendimiento», asevera el portavoz de SOS Racismo, en referencia a la formación que reciben los menores acogidos en centros y pisos de la Diputación.

No obstante, Aierbe echa en falta en el sistema de acogida foral «un proyecto educativo que contemple también el tiempo libre. Es un problema muy serio porque un chaval que tenga una serie de horas al día sin nada que hacer, sin familia, al final acaba desarrollando dinámicas de grupo que generan problemas», explica el miembro de SOS Racismo. Este aspecto y la escasez o deficiencia en los recursos, como «el hacinamiento vivido en el centro de Tolosa», pueden contribuir a provocar conductas antisociales y delictivas en algunos de estos menores.

Para Iñigo Ochoa de Alda, profesor de Psicología de la UPV y asesor de educadores de Nuevo Futuro – entidad a quien la Diputación confía la acogida de urgencia a los menores inmigrantes – , entre los chavales que crean más problemas, «hay un porcentaje muy alto que ya delinquía en las calles de Marruecos o hacía vida de carterista con los turistas». Algunos de estos llegan a Gipuzkoa con «perfiles de consumo de disolvente y daños psicológicos importantes». Para ellos – el 10% de los ,menores acogidos consume disolvente, el psicólogo reclama mejoras en las terapias de desintoxicación.

«Desarraigo terrible»

Ochoa de Alda destaca el «desarraigo terrible» que tienen los menores inmigrantes. Con «12 – 13 años» dejan su país «mandados por sus propias familias» que les «presionan» para que trabajen y envíen dinero. «Forman una especie de coraza porque vienen como mayores, representando a su familia, y llegan aquí y se les trata como a niños», tras ser acogidos por una institución. La imposibilidad de trabajar a corto plazo les «crea frustración» y puede llevarles incluso a cometer delitos para poder enviar dinero a casa.

Otra dificultad que destaca el psicólogo es el machismo que traen de Marruecos. «El 80% de los educadores son mujeres y son las maltratadas de todo esto». En su opinión, hasta los chavales menos problemáticos tienen «dificultades en reconocer la figura de autoridad femenina», que encima representa a la institución que supone un freno a cumplir su objetivo: trabajar y mandar dinero. Leticia Martín, educadora social, reconoce haber vivido «ese machismo», aunque también fue protagonista de un cambio de actitud. «Al principio me llamaban de todo, pero acabaron pidiendo las cosas por favor y respetándome».

Aierbe insiste en desligar delincuencia de menores inmigrantes. «Cualquiera que mire la memoria de la fiscalía de Gipuzkoa verá que los menores que sobre todo delinquen son autóctonos, lo que ocurre es que no generan alarma social. En cambio, si se trata de marroquíes, se generaliza», afirma. La mayoría de los menores acogidos sale adelante. Una «minoría» delinque, pero no hay que olvidar que, «como menores, son víctimas de una dinámica de la que, si no salen, van a terminar en Martutene».

jmvelasco@diariovasco.com

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