Miedo a la diáspora
ABC, 10-11-2007POR LORENA PARDO
CASTELLÓN. Cuando Marian Mirita se quemó a lo bonzo en Castellón, volaron por internet los comentarios escritos por rumanos que querían marcar distancias y dejar claro que no era uno de los suyos. «No es un rumano, es un gitano», decían. Hoy Castellón y sus colectivos rumanos miran con temor al futuro la decisión de Romano Prodi de expulsarles de Italia. El presidente del Centro Cívico Rumano de Castellón, Dan Ionita, califica de «populista» la anunciada diáspora, mientras que la presidenta de la Asociación Ciudadanos del Este, Angela Placsintar, exige que las autoridades, tanto rumanas como españolas, y las Fuerzas de Seguridad de ambos países, se sienten a planificar medidas para «abordar esta realidad e impedir la circulación de delincuentes así como fomentar el odio masivo hacia un colectivo heterogéneo y diverso».
La presidenta de la Asociación O de la Mentha, Okita Paún, que inició su andadura en Burriana hace dos años, explica que dentro de la etnia gitana hay catorce colectivos diferenciados. A los gitanos rumanizados se les llama «rom». La asociación O de la Mentha, se creó para atender a mujeres gitanas rumanas en peligro de exclusión. Su presidenta asegura que se ha sentido excluida por la mayoría de colectivos de sus compatriotas «como si nos les interesase que nosotros saliéramos en la foto».
«¿A qué se van a dedicar?»
Los representantes de las asociaciones de rumanos de Castellón reconocen que con la llegada de ciudadanos del Este a España también arribaron miembros de cuerpos paramilitares, policía secreta y ex militares que integraron bandas organizadas de delincuencia, «pero esos llevan buenos coches, extorsionan a los empresarios y disfrutan de lujos y nada tienen que ver con la gente que puede llegar a robar por la necesidad de comer», explica Placsintar, que llevará este tema a la convención de Asociaciones Rumanas de toda España que se celebra mañana en Madrid.
La delincuencia no tiene nacionalidad, pero los rumanos de Castellón temen la llegada de compatriotas a la provincia conocida como el paraíso de los rumanos «y donde ya no hay oportunidades de empleo para todos… Si llegan y no pueden ganarse a la vida, ¿a qué se van a dedicar?», dice Ionita.
El cónsul de Rumania en Barcelona, Florin Angelo Florián y la embajadora de Rumania en Madrid, Maria Ligor, estuvieron ayer en Castellón para firmar el contrato de alquiler del local donde se abrirá el próximo 1 de diciembre, día nacional de Rumanía, la oficina consular de este país en Castellón. Los dos pidieron sensibilidad «para no caer en el estereotipo y atribuir la delincuencia a una determinada etnia o nacionalidad». La masiva presencia de rumanos en Castellón, unos 80.000, ha cambiado hábitos y costumbres. Hay agentes de la policía que estudian rumano para neutralizar la acción de bandas de delincuentes. La Universidad de Valencia y la Jaume I de Castellón planean ser una extensión de la Universidad Vasile Goldis en la Comunidad Valenciana para ofrecer una educación a distancia y dar una respuesta de formación a los naturales de aquel país que por falta de tiempo no llegan a dominar el castellano. El proyecto está maduro. Hay profesores de la universidad de Arad dispuestos a venir para tutorías y exámenes.
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