La Ertzaintza ha detenido a 81 personas en la CAV por robar cable y cobre en lo que va de año

Diario de noticias de Gipuzkoa, arantza rodríguez, 10-11-2007

Con una cizalla y un par de hachas se pueden hacer con hasta 2.000 metros de cable, valorados en 10.000 euros

donostia. Una cizalla y un par de hachas. Con este rudimentario equipamiento y encaramados a un poste de teléfono los chatarreros de toda la vida pueden hacerse en una sola noche con un botín de hasta 2.000 metros de cable, valorados en más de 10.000 euros. Pero la operación, amén del esfuerzo físico, también tiene sus riesgos. De hecho, la Ertzaintza ha detenido este año a 81 ladrones de cable y cobre, y en su lista de sospechosos habituales tienen los nombres de unos doscientos.

“El cobre se ha robado toda la vida. La novedad es que ahora se suben a los tendidos y se llevan el cable que está en uso, con lo que no sólo producen daño a la empresa, sino también a un montón de usuarios”, explica el jefe de División de Seguridad Ciudadana de la Ertzaintza, Gervasio Gabirondo, quien revela a este periódico los detalles de estos delitos que han dejado sin teléfono a cientos de vascos.

los autores

Chatarreros y algún ‘mangui’

Ni bandas organizadas, ni sofisticados equipos. Quienes sustraen los cables telefónicos son, detalla Gabirondo, “familias, en su mayoría de etnia gitana, que se han dedicado toda la vida a la chatarra”, aunque también “se han incorporado rumanos que llevan el mismo tipo de vida” y “manguis que de repente descubren que el cobre vale dinero y, en vez de coches, roban cable”.

Aunque la Ertzaintza ha detenido a equipos de hasta siete personas, lo habitual es que actúen en grupos de cuatro o cinco y roben entre 500 y 2.000 metros de cable cada vez. “En un caso se pilló trabajando a cuatro mujeres, pero normalmente son hombres, alguna vez acompañados de menores”, señala este responsable de la Policía vasca.

el ‘modus operandi’

Cortar postes o escalar

Tras marcar en el mapa una zona preferiblemente rural, alejada de las carreteras principales, pero accesible en coche o furgoneta, los ladrones esperan a que anochezca para actuar. “En verano empiezan a las nueve de la noche, ahora un poco antes”, señala Gabirondo.

Una vez que se trasladan al lugar elegido, algunos “cortan los postes telefónicos y, una vez que los tumban, seccionan el cable en trozos manejables”. Otros, en cambio, “suben arriba y cortan el cable de acero que sustenta el tendido de cobre. Automáticamente se caen cinco o seis postes por el propio peso y repiten la misma operación”.

Dado que el precio del cobre pelado es más alto, la mayoría decide llevarlo a “algún lugar donde puedan hacer una fogata para quitarle todo el plástico”, apunta este responsable policial, quien añade que precisamente el humo de estas hogueras ha delatado a algún grupo de cacos.

equipamiento

Buzos para parecer operarios

A diferencia de las bandas organizadas que “cuentan con otra infraestructura y roban toneladas de cable en otros puntos del Estado”, los ladrones que actúan en la CAV “sudan la camiseta”. No en vano la mayoría corta los cables e incluso los postes con sierras de mano. “Puede que algunos utilicen herramientas eléctricas, pero en general el material es muy básico: una escalera, una cizalla, un hacha y poco más”, enumera Gabirondo, para quien poner en marcha una rotaflex sería muy arriesgado “porque hace ruido y de noche a lo mejor te oye cualquier casero que esté a 2 kilómetros a la redonda”.

Como medida de precaución, por si alguien finalmente les divisa, algunos ladrones simulan ser operarios. “En vez de ir de calle, llevan un buzo, en algunas ocasiones muy parecido al del personal de mantenimiento de la línea”.

la sanción

No conlleva penas de cárcel

Como el botín está al aire libre y no es necesario forzar ninguna cerradura para llevárselo, el robo de cable se suele considerar “un delito menor que no suele llevar aparejado el ingreso en prisión”. Lejos de darse por vencida, la Policía vasca sigue de cerca a los 200 sospechosos que tienen registrados. “Se trata de que sientan la presión para que no les resulte rentable dedicarse a esto”, aclara Gabirondo. No obstante, cuando les pillan “con el maletero lleno de cobre”, no parecen perder los nervios. “Te dirán que se lo ha regalado su padre o que era una herencia. Nunca lo van a reconocer, pero seguro que te cuentan una historia original”, concluye.

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