‘Llamé a mi hermano porque creí que moriría’

El Universo, GUAPÁN, Cañar, 08-11-2007

Emigrantes afirman que durante el rescate miembros de la Armada los maltrataron.

Mareado y con la mirada perdida, Segundo Espinoza volvió el pasado martes con su familia, en la comunidad Buill Chacapamba, de la parroquia Guapán (Cañar), tras el frustrado viaje en barco a Estados Unidos.

Luego de intentar en tres ocasiones anteriores embarcarse desde Esmeraldas, el pasado 29 de octubre, Espinoza y otros amigos se dirigieron a Huaquillas (El Oro), abordaron un bus que los llevó a Máncora, en Perú, desde donde partió el grupo de 57 emigrantes la madrugada del pasado 31 de octubre.

Desorientado en horarios porque permanecían en la bodega del barco de bandera peruana, Espinoza supone que después de dos noches de viaje  la tripulación, que se llamaba con apodos de Piraña y Caballo, les informó que se detuvieron por un daño en el motor.

“Nos dijeron que llegaría un mecánico”, expresó. Sin embargo, al siguiente día los cinco tripulantes desaparecieron y la desesperación se apoderó de los emigrantes. “Unos lloraban y otros buscaban la forma de pedir ayuda”, recordó Espinoza. Fue así que hallaron un teléfono satelital, a través del cual llamaron a sus familiares.

Recordó que hizo dos llamadas. “La primera se cortó. Entonces recargaron el celular con la batería del motor y en un nuevo contacto con mi  hermano le dije:   ¡Ayúdame porque esto se acabó!”.

Las filtraciones de agua de mar que vio en el barco al inicio del viaje aumentaron cuando estuvieron a la deriva. Unos viajeros sacaban el líquido con baldes y otros preparaban la comida con arroz, papas y atún.

Miembros de la Armada los rescataron el domingo pasado, “pero el último día nos pegaron a todos los hombres en las piernas para que no volvamos a viajar”, afirmó Espinoza. Este Diario se comunicó con la Dirección General de la Marina Mercante (Digmer), pero nadie dio una versión del maltrato.

Espinoza dijo que volvió a nacer y aseguró que retomará sus labores de albañil y no iniciará otra travesía.

Vivir esta odisea y ver cómo fueron golpeados los varones con palos de escoba, causó malestar a María Carmelina Romero, de 19 años y oriunda de Cañar, quien quería emigrar para ayudar a su hermana.

MÁS DATOS: Traficantes

Costo
Cada emigrante debía pagar entre $ 10 mil  a $ 11 mil por el viaje. El primer abono se hacía al llegar a Guatemala.

Coyote
La Defensoría del Pueblo de Cañar identificó como una de las coyotes a Juana Maita, quien habría llamado el sábado a familiares de los emigrantes para cobrar la cuota inicial del viaje.

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