DANIEL MASON ESCRITOR

«Lo primero que pierde un emigrante es el olor de su tierra»

El estadounidense Daniel Mason cuenta el proceso de desarraigo de dos hermanos en su segunda novela, 'Un país lejano'

El Correo, 06-11-2007

Su primera novela, ‘El afinador de pianos’, ha vendido 120.000 ejemplares en castellano y tuvo una especial aceptación en Euskadi. Si entonces se iba a los exóticos paisajes de Asia, ahora, con la segunda novela, ‘Un país lejano’ (Salamandra), el estadounidense Daniel Mason (1977) se sitúa en un país que recuerda a Brasil para contar la historia del desarraigo de dos hermanos, Isabel e Ismael. El autor estuvo ayer en Bilbao y San Sebastián.

– El gran tema de este segundo libro es la emigración. ¿Cómo lo aborda?

– Como un cambio muy profundo de un medio rural o tradicional a otro urbano y moderno. Los personajes tienen que pasar por un proceso muy duro para reajustar su mentalidad. Me he imaginado esa transformación como algo abrumador.

– Ustedes están muy acostumbrados a ese cambio en Estados Unidos.

– Sí, convivimos personas de orígenes muy distintos, con tipos de familia, de religión y de costumbres que poco tienen que ver entre sí. Piensa en la cultura mexicana. La tenemos a la vuelta de la esquina. Pero pasas la frontera y te encuentras en otra galaxia. ¿Cuándo un inmigrante de México empieza a sentirse integrado en Estados Unidos’ ¿Cuándo empieza a comprender lo que ocurre en su nuevo país, que no se parece en nada al suyo? Ese tipo de preguntas pusieron en marcha esta novela.

– En el caso de su protagonista femenina, Isabel, el choque es total.

– Es un choque físico. Lo que primero que pierde un inmigrante al salir de un medio rural es el olor de su tierra, los sabores, el tacto. Por eso en el libro hay tantas descripciones de los elementos sensitivos. Yo, y seguramente tú, vemos el mundo a través de palabras, de conceptos, de ideas. Ella, no. Para Isabel el lenguaje no tiene tanta importancia porque su experiencia diaria se basa en los animales a los que toca y huele. A mí, al contrario, me resulta irrelevante el tacto de la puerta de mi coche o la de mi casa.

Amor y sangre

- ¿Por eso se siente perdida en la ciudad?

– Claro, no puede orientarse. Hay un momento en la novela en que está en la casa de su primo y se tumba en el suelo de cemento. No sabe qué hacer allí. No puede oler la tierra, no sabe por qué ese lugar está frío o caliente. Yo he pasado mucho tiempo en Brasil, una estancia que ha sido la inspiración para esta novela. Recuerdo que estuve en lugares en los que para mí no sucedía nada. Me dedicaba a contemplar el paisaje, mientras que la gente que estaba a mi alrededor oía ruidos que yo no oía, y veía movimientos que yo tampoco percibía. Estábamos en el mismo sitio y nuestros mundos eran muy distintos.

– ¿Qué papel tiene la familia en su novela?

– Muy importante. Para Isabel, es su enganche con la sociedad, representado por su hermano Ismael, al que busca en la ciudad. Quería tratar un amor sin límites, que no fuera sexual, que saliera de la sangre, como el que tiene Isabel hacia Ismael. Es algo que no tiene explicación, en el sentido de que no puede expresarse con palabras.

– Usted es médico. ¿Practica la profesión?

– No. Estoy escribiendo el tercer libro y seguramente me convertiré en un escritor profesional. Pero echo en falta la medicina. Un médico conoce las experiencias emocionales y físicas de sus pacientes, tiene que reconstruir su historia y entenderla a partir de las cosas parciales que le dice una persona. Es como escribir una novela.

– Vive en Berkeley, California, la ciudad de las revueltas estudiantiles en los años sesenta. ¿Cómo es ahora?

– No tiene mucho que ver con la Berkeley de aquellos años, aunque sí se conserva cierto espíritu. Me gusta porque puedo usar la enorme biblioteca de la universidad, y porque puedes ir a un café y escribir. Vas a las diez de la noche y hay un montón de gente escribiendo. En otro sitio, estarían bebiendo cerveza y bailando.

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