Historia de una buena oportunidad económica
El Periodico, , 05-11-2007Un mismo universo, vivido e interpretado de forma opuesta por sus moradores. Para unos, un sistema de oportunidades; para otros, un círculo cerrado y abusivo. Tan alabado como vilipendiado, lo cierto es que el Grupo Alimentario Guissona, la cooperativa ganadera de La Segarra convertida en imperio, ha creado un modelo de integración laboral de inmigrantes digno de análisis.
Ocho horas al día en la cadena de despiece de cerdo, de lunes a viernes. Cobra 1.000 euros. Nicolae Robert, un rumano de 29 años, ha sido el trabajador escogido por la empresa para explicar su historia.
Obviamente, dice estar satisfecho, entre otras razones porque, en su país, donde empezó a trabajar con 15 años, cobraba menos de la mitad por muchas más horas de trabajo en el sector cárnico.
Seleccionado en Rumanía, donde hay excelentes despiezadores de carne, llegó a Guissona hace tres años. Primero solo, dejando a su mujer y a su primer hijo. El segundo vástago, de un año y 10 meses, ya es catalán.
“Pagamos 360 euros por un piso de la empresa de 65 metros cuadrados”, explica Nicolae para añadir: “Es suficiente”. Antes de que su mujer empezara a trabajar hace siete meses, también para el Grupo Alimentario Guissona, los números nunca cuadraban solo con su sueldo.
“La empresa me dijo que me ayudaría a traer a mi mujer y que le daría trabajo”, comenta Nicolae con una sonrisa para reconocer que, finalmente, así ha sido.
Con un coche recién adquirido que les permite tener cierta independencia y moverse cuando tienen tiempo libre, Nicolae dice sentirse feliz. “Aunque siempre estaría bien cobrar un poco más”, explica, con una actitud de prudencia, antes de volver a ocupar su puesto en la cadena. Sabe que muchos compañeros se han marchado a otras empresas cárnicas españolas donde se paga más.
“La gente del pueblo nos acepta normal”, dice con una mueca entre escéptica e indiferente. La intención, de momento, es quedarse en Guissona donde su hijo de casi 4 años ya está escolarizado. “Nos quedamos aquí”, asegura para, a renglón seguido, añadir que la vida es mucho más sencilla que en Rumanía. Eso sí, al duro precio de tener a los suyos lejos.
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