Un negocio redondo para la empresa cárnica
El Periodico, , 05-11-2007Un mismo universo, vivido e interpretado de forma opuesta por sus moradores. Para unos, un sistema de oportunidades; para otros, un círculo cerrado y abusivo. Tan alabado como vilipendiado, lo cierto es que el Grupo Alimentario Guissona, la cooperativa ganadera de La Segarra convertida en imperio, ha creado un modelo de integración laboral de inmigrantes digno de análisis.
Con sueldos mileuristas no es difícil que, como mínimo, la mitad del salario acabe revirtiendo nuevamente en la empresa. Sobre todo, en concepto del alquiler de pisos facilitados por la misma compañía. Si también hay un crédito de por medio, el porcentaje del sueldo que vuelve a las mismas manos se dispara. Las familias extranjeras acostumbran a abastecerse en la tienda que el grupo cárnico tiene en el pueblo.
Es realmente complicado encontrar a alguien que abra las puertas de su casa. Y, más difícil aún, hallar a quien deje traslucir su opinión. Muchos inmigrantes que trabajan para el Grupo Alimentario Guissona dicen que hablar puede acarrearles problemas. Por eso salen de espalda en las fotos y se prestan a hacer declaraciones, solo de forma anónima.
Son todos rumanos, de 28 a 30 años, y viven los cinco en el mismo piso. “Pagamos 380 euros al mes”, explica uno para matizar: sin agua, electricidad, muebles, escalera y cloacas, que se abonan aparte.
“A la empresa le da igual cuánta gente comparte piso y en qué condiciones”, añade. Para ahorrar han llegado a meterse seis hombres en un piso de dos habitaciones. “Este sistema de alquiler – – se explaya el mismo joven – – es un verdadero negocio para ellos”.
“Engaño”
Su mujer llegó hace meses a Guissona con un precontrato de trabajo pero aún no se ha incorporado. “Es un engaño”, lamenta, impotente, porque ella no tiene trabajo, no genera ingresos, pero sí gasta para vivir. Hay muchas personas en esta situación, dice. Aunque pese a todo, afirma sentirse privilegiado porque tiene la posibilidad de hacer horas extras. “Si quiero llegar a los 2.000 euros, tengo que hacer jornadas de 12 horas”, explica para puntualizar que muchos no tienen ese privilegio.
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